La Preeclampsia es una enfermedad en la cual puede ser víctima la mujer durante el embarazo. Se puede manifestar a partir de la veinteava semana y afecta principalmente a quienes viven su primer embarazo o han tenido a su madre o hermanas con dicha enfermedad.
Los síntomas más comunes de la preeclampsia son:
Aumento repentino de peso, por ejemplo: subir más de 2 kg. durante una semana.
Se puede hinchar la cara, las manos, los párpados, los pies junto a los tobillos.
La visión puede ser en ocasiones borrosa, tener visión doble, ver puntos luminosos, intolerancia a la luz sin razón.
Poner atención si tenemos dolores abdominales, vómitos o náuseas sin razón.
Dolores de cabeza intensos y persistentes sin un motivo de resfriado u otra afección.
La preeclampsia puede pasar desapercibida, ya que los síntomas se confunden con los propios del embarazo, porque es normal subir de peso y retener líquido, sobre todo en los pies y tobillos.
Para detectar si es preeclampsia, se realiza un control con su ginecólogo, quien evaluará la presión arterial y realizará un estudio de orina para detectar proteínas (proteinuria).
El riesgo de sufrir preeclampsia también dependerá de otros factores, como por ejemplo si la mujer tiene un embarazo de dos o más bebés, si es adolescente, o si tiene más de 40 años.
Presentar presión arterial alta, hinchazón permanente y gran cantidad de proteínas en la orina son los síntomas habituales y los exámenes necesarios para detectarla son un análisis de orina y de sangre.
La preclampsia afecta al organismo principalmente en el sistema sanguíneo, riñones, hígado, cerebro y otros órganos; es por ello que debe ser controlada adecuadamente por un especialista, aunque rara vez se han producido casos de muerte.
Su causa continúa siendo desconocida, a pesar que se estima que entre un 6 y un 8% de las mujeres embarazadas la padecen. Lo que sí está claro es el tratamiento que se debe seguir para combatir esta enfermedad.
Tratamiento médico
Algunos especialistas recomiendan dar a luz antes de lo establecido, ya que de esta forma tanto el bebé como la madre se encontrarán más protegidos. Sin embargo, esta solución no siempre puede ser la mejor, debido a que si el bebé es demasiado pequeño puede presentar complicaciones fuera del vientre materno.
Es por eso que, si el parto no es posible, se pueden tomar medidas para controlar la preeclampsia hasta que el menor esté listo para nacer. Éstas incluyen bajar la presión arterial, darle a la madre mucho descanso y reposo en cama, suministrarle medicamentos y mantenerla en observación permanente.
Por otra parte, a pesar de que el bebé no esté listo para nacer, el doctor puede iniciar el trabajo de parto o realizar una cesárea, lo cual se realiza cuando el médico estima que existe algún tipo de peligro para la madre o el bebé. Una vez que nació, los síntomas de la preclampsia pueden durar entre tres y siete días.
Cuando una persona que no está embarazada padece de presión alta, se le recomienda dejar de consumir sal, en cambio, cuando este síntoma se presenta en una mujer embarazada, los médicos recomiendan continuar con su consumo, debido a que su cuerpo la necesita para mantener el fluido de los líquidos del organismo, por lo que es necesario que la madre coma una cantidad normal de sal, que variará según las recomendaciones médicas para cada mujer.
Según algunos especialistas la preeclampsia se puede prevenir consumiendo aspirina o calcio. De la misma forma, el doctor puede indicarle a la mujer que se acueste en su lado izquierdo al momento de descansar, ya que esto llevará a un aumento de la cantidad de orina y de esa forma, quitará peso de encima a los grandes vasos sanguíneos.
Estas recomendaciones son muy importantes, ya que si una preeclampsia no es bien tratada puede llevar a una eclampsia.
¿Qué es la eclampsia?
La eclampsia es más compleja que la preclampsia. No se conoce el mecanismo final que provoca esta complicación, pero está relacionado con alteraciones en las arterias cerebrales (daño en el endotelio vascular), con espasmo arterial, edema e isquemia (falta de oxigenación del tejido cerebral). Y se traduce en la aparición de convulsiones o coma en la mujer embarazada.
En cuanto al tratamiento los especialistas recomiendan que ésta sea vigilada rigurosamente. A pesar que, al igual que en la preclampsia, las muertes ocurren rara vez, los médicos opinan que prolongar el embarazo de una mujer con eclampsia podría ocasionar peligro de muerte tanto para el bebé como para la madre en un 87 por ciento de los casos.
La duración del tratamiento variará según la gravedad con que se presente dicha enfermedad. En los casos más severos se mantendrá a la mujer con medicamentos hasta las semanas 32 a 34, mientras que los leves, hasta después de las 36 semanas del embarazo, para que posteriormente se pueda llevar a cabo el nacimiento del bebé tan esperado por la madre.