¿Cómo se produce la leche materna?

Alteraciones en el sueño

La producción de leche materna es uno de los grandes milagros que produce nuestro cuerpo. Está sincronizada con el embarazo, el parto y, una vez nacido tú bebé, se adapta a las necesidades del niño. Es más, la producción de leche puede durar más de un par de años.

Experto: Blanca Ossa, enfermera matrona UC

Todo empieza con el embarazo

La metamorfosis se inicia en los senos. Éstos se vuelven más sensibles y se hinchan, los pezones y areolas se oscurecen.

Otro cambio que se produce en tus senos alrededor del tercer trimestre, es que los puntitos diminutos que hay alrededor de la areola crecen y son más visibles. Estos puntitos o granos se conocen como Glándulas de Montgomery y segregan una sustancia oleosa que limpia, lubrica y protege al pezón de las infecciones durante la lactancia.

Cambios dentro del seno

Los cambios internos del seno son más sorprendentes que los externos. Cuando se desarrolla la placenta, se promueve la liberación de dos hormonas, los estrógenos y la progesterona, que estimulan el maravilloso sistema biológico que hace posible la lactancia.

Nuestros senos se preparan para la lactancia desde que nosotras mismas éramos un embrión de seis semanas. Los conductos lácteos, que transportarán la leche dentro de los senos, ya están formados al momento de nuestro nacimiento. Las glándulas mamarias se mantienen en estado latente hasta la pubertad y es en este momento cuando se despiertan con una oleada de estrógenos que las hace crecer. En el embarazo la mama alcanza su máximo desarrollo.

Antes de quedar embarazada tus senos están compuestos de una combinación de grasa protectora, glándulas mamarias y tejido de apoyo. La cantidad de tejido grasos varía en cada mujer y determina la forma y el tamaño de los senos.

Durante el tercer trimestre del embarazo y luego del parto, el tejido glandular aumenta, por lo que crecen los senos. ¡Imagínate que cada seno puede aumentar hasta 225 gramos de peso!

Entre el tejido glandular y las células adiposas hay una intrincada red de canales llamados conductos mamarios que con las hormonas del embarazo aumentan en número y tamaño.

A su vez, estos canales se subdividen en canales más pequeños llamados conductillos. Al extremo de cada uno de éstos están los lóbulos, parecidos a un racimo de uvas. Cada lóbulo está compuesto por alvéolos, que son las células encargadas de producir y almacenar la leche. En cada mama hay entre 15 y 20 lóbulos con sus respectivos conductillos.

Los alvéolos son exprimidos durante el amamantamiento por el tejido muscular que los rodea, con lo que la leche es impulsada hacia los conductillos, y luego fuera de la mama por el pezón.

Entre el tejido glandular y las células adiposas hay una intrincada red de canales llamados conductos mamarios que con las hormonas del embarazo aumentan en número y tamaño. A su vez, estos canales se subdividen en canales más pequeños llamados conductillos. Al extremo de cada uno de éstos hay un racimo de sacos, llamados alvéolos que tienen forma de uvas. Un racimo de alvéolos forma un lobulillo y un racimo de éstos se llama lóbulo. En una mama hay entre 15 y 20 lóbulos y un conducto mamario.

Dentro de los alvéolos se produce la leche y éstos están rodeados de unos pequeños tejidos musculares que exprimen las glándulas e impulsan la leche hacia los conductillos, que a su vez apuntan a un conducto mayor que se va agrandando antes de llegar a la areola y tiene por nombre seno lactífero. Estos actúan como una represa para contener la leche que baja, hasta que el bebé la succiona por las aberturas que tiene el pezón.

Esta maravillosa fábrica de leche termina de desarrollarse en el segundo semestre de embarazo, así que si tu bebé llega a este mundo prematuramente, podrás amamantarlo perfectamente.

Con el parto aumenta la producción de leche

Entre 48 y 96 horas después del parto inicia la producción de leche propiamente tal. Si la madre no es primeriza, producirá leche más rápidamente que cuando tuvo a su primer hijo. Después de que la madre expulsa la placenta, aumenta el nivel de la prolactina, la que le indica al cuerpo que debe producir leche.

También aumenta el flujo sanguíneo dentro de los alvéolos, lo que hace que los senos estén firmes y llenos. Este flujo sanguíneo, además de la leche hace que tus pechos se sientan congestionados y un poco adoloridos, lo que se calmará a mediad que das pecho en los primeros días.

Del seno al bebé

Para que el bebé se alimente bien, la leche debe fluir desde los alvéolos internos. Esto ocurre con la succión como principal estímulo. Cuando tu hijo succiona, se libera prolactina que produce leche para la próxima mamada. También se libera oxitocina, la “hormona el amor”, que hace que los alvéolos se contraigan, liberando así la leche hacia los conductos y luego a la boca de tu hijo. Esta hormona además te relaja, te provoca sueño, aumenta tu instinto maternal, hace que te de sed y te calienta el pecho para que le des calor a tu hijo mientras se alimenta.

Si al inicio de la lactancia sientes algunas molestias en el abdomen cuando tu hijo se alimenta, no te preocupes porque es indicativo de la liberación de oxitocina, hormona que hace un poco permitió las contracciones del útero en el parto y que ahora contribuye a que tu útero recupere el tamaño original por medio de contracciones conocidas como “entuertos”.

Puede que también sientas una sensación de hormigueo, ardor o puntadas en tus senos debido al aumento del flujo de leche en ellos. Además puedes tener pérdidas de leche, en forma de goteo o incluso a chorritos durante el “reflejo de eyección” que es el reflejo mediante el cual la leche sale de los senos. Si esto te ocurre en un momento poco apropiado, cruza tus brazos aplastando suavemente los pechos ejerciendo presión para detener la leche.

Tal como lo diseñó la madre naturaleza, mientras más amamantes a tu hijo más leche tendrás. Comprobarás lo maravilloso que es.


Madre amamantando a su bebé.
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