La mamá y su instinto natural

Parto con apego

El instinto natural de madre se volverá tremendamente útil, por ejemplo, durante el delicado momento del sueño, una vez que la mujer se transforma en mamá se sorprende por la enorme cantidad de instintos que se despertarán en ella en relación a su hijo. Y es que definitivamente, la mamá posee un instinto único y también natural para su hijo y para los niños, en general.

Inquietudes durante el embarazo

En la etapa del embarazo, resulta normal que la futura mamá se cuestione de qué modo desempeñará este maravilloso rol.
Es durante esta etapa, cuando aparecen esas típicas dudas, de primeriza, que rondarán su mente por todo este tiempo. Entonces, en este período, tenderá a preguntarse si podrá ser capaz de atender de forma satisfactoria a su pequeño que la necesitará todo el tiempo.

Se acaba el miedo y aflora el instinto

Pronto, todos estos pensamientos tenderán a disiparse. Ocurre cuando la mujer, ya se ha transformado, al fin, en toda una madre y a sus brazos ha llegado esa hermosa criaturita que albergó en su vientre por tanto tiempo.

Es en este instante cuando se produce la magia: se va el miedo y la incertidumbre y aflora el instinto natural. Es este instinto, el que desempeñará un rol fundamental en la forma de pensar, así como en el modo de actuar de la mamá.

En el instinto natural en la cotidianeidad con el niño

Con la llegada del niño, a la vida de la recién estrenada mamá, es evidente que más de algún aspecto cambiará en su vida.

Afortunadamente, la mayoría de las mujeres lo tienen claro, una vez que esperan a su hijo en la pancita.

El instinto natural se volverá tremendamente útil, por ejemplo, durante el delicado momento del sueño. No es una etapa sin importancia, ya que el dormir, es clave en la vida de las personas. Quien no duerme bien, no está concentrado en su labor y comete errores.

En este momento, el sueño es profundo, sin embargo, la mamá se despertará inmediatamente, cuando oiga que su hijito a empezado a gemir.

La mamá bien sabrá que estos gemidos, por lo general, se deben a que el pequeño siente hambre. Y esta reacción sólo es producto de ese instinto que se ha despertado. Una verdadera fuerza de carácter sobrenatural.

Este comportamiento que será muy natural para la mamá, será visto con asombro, por el papá del pequeño.

Ha podido notar el cambio experimentado por su pareja: ha pasado desde los miedos iniciales, a una seguridad a todo prueba.

Piensa que él también podría cuidar del pequeño, pero algo le dice que su cuidado y atención no se puede igualar al entregado por la propia mamá. Logra notar que su pareja, ahora funciona como una verdadera antena parabólica, siempre al pendiente del pequeño.

Pero, no sólo eso, la nueva mamá es capaz de percibir, cuando el niño ha ensuciado su pañal. Sin embargo, esta situación es parte de otras, como aquellas especies de corazonadas que tiene, cuando su pequeño hijo está comenzando con alguna enfermedad.

Así también, esos pálpitos que la golpean cuando tiene la sensación que su pequeño ha sufrido alguna eventualidad.

Puede que en algún momento, la mamá piense que estos instintos son una verdadera prisión que la tienen sin vida. Sin embargo, éstos sólo son parte de la vida misma y a su vez, garantizan el lograr sobrevivir como especie.

Finalmente, a través de estos mecanismos, es que la mamá y todo aquél que pueda llegar a experimentarlos, son transportados al origen del ser humano.

Este deseo y necesidad constantes que siente la mamá de proteger a su pequeño, es parte de la naturaleza y por lo tanto, es normal. Por lo demás, esta protección y dedicación, irá en directo beneficio del pequeño, que enfrentará con seguridad, la vida.


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