Cómo controlar las rabietas en los niños

Rabietas en los niños

La mejor manera de controlar las rabietas en los niños es verla como algo irrelevante dentro de los acontecimientos de un día habitual.

No es fácil, pero imagina que nunca has visto una rabieta y que no tienes idea de qué es una rabieta, de manera que al enfrentar el problema, éste sólo sea un hecho desagradable más. No le des mayor trascendencia, enseguida te damos tips sobre cómo manejar las rabietas.

A continuación describiremos una situación ficticia a modo de ejemplo:

Estás con tu hijo pequeño en el patio, acaban de guardar todos los juguetes en una caja grande con tapa que usas para eso. De pronto llega una amiga a visitarte, mientras conversas con ella, tu hijo te pide que destapes la caja porque quiere sacar un juguete para seguir jugando. Tú le dices, “no, porque ahora tienes que bañarte”, y sigues conversando con tu amiga. Entonces tu hijo te tira del brazo y te pide otra vez que destapes la caja. Esta vez tú no le respondes. El pequeño va hacia la caja e intenta abrirla él mismo pero no puede. Está cansado, la frustración es demasiada para él, y estalla. Una vez que la rabieta ha pasado, tú piensas que actuaste mal, te sientes culpable, vas y le abres la caja para que juegue.

Aquí hay varias fallas, falta de atención sumada a la manera menos apropiada de manejar una rabieta. Al principio, no le prestaste la atención debida a tu hijo porque estabas pendiente de tu amiga y le dijiste “no” a tu niño sin detenerte a pensar bien en lo que te había pedido. Después, al estar distraída en otra cosa, no te percataste de los esfuerzos del pequeño por abrir la caja, que ya mostraban la impotencia que sentía tu hijo. Solamente un vez que se desencadenó la rabieta te diste cuenta de que tu pequeño realmente quería sacar su juguete y que en realidad no tenías un motivo sólido para no dejarlo jugar. Entonces sentiste culpa y trataste de enmendar tu error, abriendo la caja y permitiéndole jugar una vez que se calmó. Si bien es cierto que deberías haber pensado mejor tu respuesta al primer requerimiento de tu hijo, el hecho de haber cambiado tu “no” inicial por un “sí” después del estallido, tendrá el efecto de que él piense que la rabieta tuvo un resultado deseable. Aunque te hayas equivocado inicialmente, hubiera sido preferible en este caso que mantuvieras el “no”.

Es difícil ser un niño pequeño. Es bastante fuerte pasar por esos cambios de ánimo, de la ansiedad a la rabia incontrolable en un pestañeo. Consecuentemente, no es nada fácil para los padres tampoco, tener que convivir con esas emociones tan variables y procurar que el pequeño se mantenga lo más equilibrado posible y así evitar problemas de conducta severos. Sin embargo, recuerda que el tiempo es tu aliado, porque la mayor parte de esos estados emocionales turbulentos se habrán calmado, una vez que tu niño alcance la edad preescolar.

Finalmente, las rabietas quedan en el pasado.

Al crecer tu niño pequeño, gradualmente, podrá manejar mucho mejor estas cosas. Cada vez tendrá menos episodios de frustración severa. Irá conociendo y aprendiendo cada vez más, de manera que ya no habrá tantas cosas nuevas que lo intimiden. Esto significa que a medida que vaya perdiendo sus temores, cada vez necesitará menos de la seguridad de tu presencia y respaldo constante y poco a poco aprenderá a comunicarse más libremente, empezará a hablar no sólo descriptivamente de cosas que está viendo, sino que será capaz de expresar cosas que está imaginando y pensando. A medida que desarrolle el lenguaje irá comprendiendo las diferencias entre fantasía y realidad, y entenderá que la mayoría de sus temores no tienen fundamento.

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