Cómo actuar ante un niño agresivo

niño agresivo

Puede que te sientas abrumada ante esta realidad: tu hijo se ha tornado violento, da patadas cuando lo cambias, muerde a los otros niños, le pega a sus hermanitos… queremos ayudarte, ya que se trata de comportamientos que se deben erradicar.

Puede que estas conductas se manifiesten de diversas maneras: pegando, arañando, tirando el pelo o rompiendo las cosas de los demás. Si tu pequeño hace estas cosas, lo primero que tienes que descubrir es el porqué.

Posteriormente, debes tener un plan de acción, sin estigmatizar al niño con su comportamiento, más bien, buscar la manera de ayudarlo.

Hablaremos de 3 grupos: bebés, escolares y hermanos. Y veremos qué hacer en cada caso particular.

  1. Bebés bravos

Los niños pequeñitos exploran el mundo a través de sus sentidos, por lo que en su proceso de descubrimiento y comunicación movilizan todos sus recursos a disposición. Por esta razón, puede que tu retoño haga movimientos bruscos, como tirar el pelo, patalear o dar aletazos cuando lo estás mudando.

Pero, gradualmente, y sobre todo cuando cumplen 2 años, los niños ya pueden expresarse, por lo que sus movimientos bruscos dejan de ser meramente expresivos y pueden asociarse a frustración o rabia.

¿Qué hacer?

Para empezar, debes cerciorarte de que todas las necesidades básicas de tu hijo estén cubiertas. Luego, proponte comenzar a educarlo desde la infancia, de modo que sepa que pegar, morder o tirar el pelo no son conductas permitidas. Basta con decirle “no”, será capaz de entender. Recuerda ser coherente y constante cuando le prohíbas hacer algo.

  1. Escolares violentos

Debido al estrés, ser victimas del bullying y los desacuerdos que surgen con los compañeros, el colegio puede convertirse en el escenario de comportamientos agresivos. Muchos niños le pegan a sus compañeros por sufrimiento, falta de autoestima o por necesidad de atención. Antes de castigar, es necesario entender por qué actúa así.

Los expertos señalan que un niño que se torna violento de pronto puede estar viviendo una perturbación en su interior. Podría tratarse de una mudanza, una muerte cercana, la llegada de un nuevo integrante a la familia, es decir, cualquier cambio traumático para él. Al no sentirse comprendido, requerirá de golpes para hacerse notar.

¿Qué hacer?

Piensa en cuál puede ser la razón de su actuar. Para esto, es fundamental promover una buena comunicación con tu hijo. Si no hay caso de que se abra y te cuente sus sentimientos, quizás sea adecuada la intervención de un especialista o terapeuta.

Si tu hijo se comporta así, es posible que requiera de ayuda para encontrar estrategias para llamar la atención. Quizás sólo sepa buscar el reconocimiento de terceros llorando, gritando o pataleando. Ayúdalo mediante darle de tu tiempo, tomando en serio su necesidad de afecto. Verás cómo con dedicación y atención puedes colaborar para que tu hijito se sienta reconocido y comprendido por quienes lo rodean.

  1. Hermanitos peleadores

Tal vez sueñes con un ambiente pacífico y silencioso en tu hogar, pero la realidad puede ser muy diferente con varios hijos, sobre todo si no se están llevando bien entre sí.

Al ir construyendo su relación fraternal, puede que se generen encontrones, reacciones agresivas o costumbres violentas. Si tu casa se está convirtiendo en un campo de batalla, debes actuar ya. Una cosa es que los hermanitos se enfurezcan por algo específico, pero algo muy distinto es tolerar peleas a diario.

¿Qué hacer?

Tus hijos necesitan límites y normas claros, y son los progenitores los más indicados para establecerlos. Debes estar atenta para diferenciar entre los juegos y las peleas reales, percibiendo si alguno de tus hijos está abusando con su fuerza o faltando el respeto a los otros miembros de la familia. No olvides que la violencia también puede ser psicológica.

Una buena técnica es poner por escrito una lista con los comportamientos prohibidos, ya sea en la casa o fuera de ésta, así como los momentos de tregua. Esto quiere decir que si alguien falla, tendrá que pedir disculpas y arreglar el problema. Si les das herramientas a tus hijos para solucionar conflictos y los apoyas, les será más fácil seguir las reglas y no perderás el control de la situación.

 


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