Tener un bebé cambiará tu vida de manera tan profunda que ya no serás la misma:
Nace una fuerza en tu interior tan intensa que te prepara para proteger a tu pequeño de cualquier potencial daño.
Descubres que no tienes límites. ¡Puedes estar sin dormir por días!
Tu corazón parece explotar de amor y no puedes ni imaginar aún cómo será compartir ese amor con otros bebés si llegan.
Ves a tus padres con otros ojos. Tu admiración, comprensión y gratitud crece cada vez más.
Todo lo que tengas que hacer deja de ser un sacrificio para ser un privilegio. Te enorgulleces como nunca de ser mamá.
Sientes ternura por todos los niños, podrías ser la mamá de todos los compañeritos de tu hijo. Cuando vez sufrir a un niño no puedes soportarlo.
Aprendes que el desorden es un tipo de orden diferente. Una vez que lo aceptas, eres más feliz y dejas de frustrarte por lo que no puedes controlar.
Descubres que el silencio se puede disfrutar; no hay nada mejor para un largo día que una ducha caliente, una tacita de té, o sentarte en el sillón con tu pareja a compartir esos silencios.
No vuelves a sentir asco. Después de tener un bebé muchas de las cosas que antes te daban náuseas, ahora son pan de cada día y no te complican para nada.
Te conviertes en toda un artista, improvisando canciones, inventando historias y actuándolas con todo tu cuerpo. Todo para que tu bebé no se aburra.
Aunque tu cintura ya no sea la misma, te asombras cuando te das cuenta que el ombligo que más te importa es el de tu bebé, no el tuyo.
El tiempo no vuelve a pasar como antes y por lo mismo, no llegas a tiempo a ninguna parte.
Aprendes a disfrutar al máximo la poca intimidad que tienes con tu pareja, potenciando los momentos mágicos entre los llantos del bebé.
Te conviertes en una persona capaz de hacer múltiples cosas a la vez, ¡como una malabarista experta sin que se le caiga nada!