Entender el comportamiento de los adolescentes suele ser un reto para cualquier padre o profesional, pero cuando aparecen tendencias como la de los «therian», la confusión puede transformarse en alarma. Seguramente has visto videos en redes sociales de jóvenes saltando obstáculos a cuatro patas, usando máscaras de animales o colas, y te has preguntado si se trata de un simple juego o de algo que requiere atención clínica.
La realidad es que el fenómeno therian, o teriantropía urbana, ha escalado de ser una subcultura nicho en internet a una expresión visible en parques y escuelas. Para entenderlo, no hace falta mirar hacia la ciencia ficción, sino hacia la psicología del desarrollo y la búsqueda de identidad. No estamos ante una patología por definición, sino ante una forma muy particular y contemporánea en la que los jóvenes gestionan su mundo emocional y su pertenencia social.
Qué significa realmente ser un therian
Un therian es alguien que experimenta una conexión profunda, interna e involuntaria con un animal no humano, al que denominan «theriotipo». A diferencia de los «furries», que suelen ver su actividad como un hobby o una expresión artística basada en personajes antropomórficos, para el therian la vivencia es identitaria. Sienten que su esencia o su psique comparte rasgos con una especie específica, ya sea un lobo, un gato o cualquier otro animal.
Esta identificación se manifiesta a través de lo que llaman «shits» o cambios de estado, donde adoptan comportamientos propios de ese animal, y la práctica de los «quadrobics», que consiste en realizar ejercicios físicos y desplazamientos a cuatro patas simulando el movimiento animal. Aunque visualmente impactante, la mayoría de estos jóvenes mantiene intacto su juicio de realidad: saben que son humanos, pero eligen esta narrativa para expresar aspectos de su personalidad que el lenguaje convencional no alcanza a cubrir.
La búsqueda de identidad en la era digital
Desde la psicología, este fenómeno se analiza bajo la lupa de la construcción del «yo». La adolescencia es, por excelencia, la etapa donde se busca la diferenciación de las figuras de autoridad y la integración en grupos de pares. Así como en décadas anteriores tuvimos a los punks, emos o góticos, los therian utilizan códigos estéticos y conductuales para decir «este soy yo» y «aquí pertenezco».
Las redes sociales han jugado un papel crucial en la expansión de este movimiento. Algoritmos de plataformas como TikTok exponen a jóvenes con inquietudes similares a contenidos que validan su sentir, creando comunidades donde no son juzgados. En un mundo que puede sentirse hostil o excesivamente normativo, identificarse con la agilidad de un felino o la lealtad de una manada de lobos ofrece un refugio simbólico. Para muchos, es una herramienta de regulación emocional; el animal actúa como una armadura que les permite gestionar la ansiedad o la timidez.
Cuándo el comportamiento animal es una señal de alerta
Aunque los expertos coinciden en que identificarse como therian no es un trastorno mental de por sí, existen líneas rojas que los padres deben vigilar. La psicología clínica establece que una conducta se vuelve problemática cuando interfiere negativamente en la funcionalidad de la persona. Si un adolescente deja de asistir a clases, se aisla por completo de sus amigos «humanos» o presenta un deterioro en su higiene y autocuidado por mantenerse en su identidad animal, es momento de intervenir.
Otro punto crítico es la pérdida del juicio de realidad. Existe una diferencia abismal entre un joven que juega a ser un lobo por pertenencia y alguien que cree literalmente que su cuerpo se está transformando físicamente. Si aparecen delirios, alucinaciones o una angustia extrema por habitar un cuerpo humano (disforia de especie), se requiere una evaluación profesional inmediata para descartar patologías subyacentes.
Cómo acompañar a un joven therian desde casa
Si descubres que tu hijo o un adolescente cercano se identifica como tal, la primera recomendación de los psicólogos es mantener la calma y evitar la burla. La invalidación o el castigo tajante suelen provocar el efecto contrario: el joven se refugia más en la comunidad digital y cierra los canales de comunicación con la familia. Es mucho más productivo interesarse por lo que esa identidad significa para ellos.
Preguntar «¿qué sientes cuando te pones esa máscara?» o «¿qué rasgos de ese animal te gustan de ti mismo?» abre una puerta al diálogo constructivo. El objetivo no es fomentar la conducta, sino entender qué necesidad psicológica está cubriendo. En la mayoría de los casos, a medida que el adolescente madura y encuentra otras formas de autoafirmación, la intensidad de estas prácticas disminuye. Mientras se mantengan las responsabilidades escolares y sociales, puede verse como una fase exploratoria más en el complejo camino hacia la adultez.
Un enfoque profesional y empático
En definitiva, ser therian es una manifestación moderna de la necesidad humana de simbolizar la experiencia interna. Para la psicología actual, el reto no es erradicar estas identidades, sino asegurar que el joven crezca en un entorno saludable y equilibrado. Comprender que detrás de una máscara de zorro hay un adolescente buscando seguridad, validación y sentido de grupo es el primer paso para un acompañamiento efectivo.
La clave reside en el equilibrio. Permitir los espacios de expresión simbólica mientras se refuerza la conexión con el mundo real ayuda a que la identidad no se fragmente. Al final del día, lo que un joven therian busca es lo mismo que cualquier otro adolescente: ser visto, ser aceptado y encontrar su lugar en un mundo que, a veces, parece demasiado extraño para ser humano.




