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La infertilidad La infertilidad

La infertilidad se define como no poder lograr el embarazo a pesar de tener relaciones sexuales frecuentes sin protección durante al menos un año.



Si esa definición de la infertilidad se aplica a ti y tu pareja, existe la posibilidad de tratamiento que ayude en sus esfuerzos por tener un hijo. La infertilidad puede deberse a una sola causa en ti o tu pareja o a una combinación de factores que pueden impedir que se produzca un embarazo. Afortunadamente, existen muchos tratamientos seguros y eficaces para superar la infertilidad. Estos tratamientos mejoran significativamente sus probabilidades de quedar embarazada.

La mayor parte de las parejas logran un embarazo en los primeros seis meses de intentarlo. En general, después de doce meses de relaciones sexuales sin protección aproximadamente el 85 por ciento de las parejas se quedan embarazadas. Durante los próximos 36 meses, aproximadamente el 50 por ciento de las parejas restantes logran concebir de forma espontánea.

Sin embargo, aún después de ese tiempo algunas parejas no lo logran, por lo que el principal signo de la infertilidad es la incapacidad que tiene una pareja para quedar embarazada. Lamentablemente, fuera de esto no hay otros síntomas evidentes.

En algunos casos, la infertilidad en la mujer puede tener períodos menstruales anormales. Un hombre infértil puede tener algunos síntomas de problemas hormonales, tales como cambios en el crecimiento del pelo o la función sexual, pero no siempre se asocian a problemas para concebir.

¿Cuándo consultar al especialista?

En general, no hay que preocuparse demasiado acerca de la infertilidad a menos que tú y tu pareja estén tratando con regularidad concebir durante al menos un año. Si en este período no han tenido éxito es necesario que hablen con su médico. Los síntomas a los que debes poner atención son:

Si tienes planes de embarazo y eres mayor de 30 años o llevas seis meses sin menstruación.

Si eres una mujer que tiene una historia de ciclos menstruales irregulares o dolorosos, dolor pélvico, endometriosis, enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) o reiterados abortos involuntarios.

Si eres un hombre con un recuento bajo de espermatozoides o una historia de cáncer de próstata testicular, o problemas sexuales.


 


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