Mamás: no teman pedir ayuda si la necesitan

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Probablemente sientas que corres todo el día y que te haría muy bien tener unas vacaciones, o al menos unas cuantas horas extra en el día.

Esas emociones son normales, pero si no se controlan, pueden llevar a enfermarte. El estrés continuo hace mal y daña la relación con los hijos y la pareja.

Un primer paso para reducir la angustia es aceptar que no puedes hacer todo sola, y que es necesario delegar. No seas reticente a pedir ayuda si la requieres.

Ayuda en el hogar

No tienes por qué hacerte cargo de todas las tareas domésticas; puedes pedir ayuda a tu pareja y también enseñarles a tus hijos a colaborar.

Dependiendo de su edad, los niños pueden encargarse de ciertas labores diarias, como sacar la basura, poner la mesa, hacer sus camas, etc. Adapta las tareas del hogar a las etapas en que estén tus hijos, asignándoles responsabilidades a medida que crezcan (esto aumentará su autoestima). Por ejemplo, los más grandes te pueden ayudar a vestir a los más pequeños.

Una excelente idea es crear un tablero o pizarra con las tareas que corresponden a cada uno; así evitarás que a alguien se le “olvide” lo que tenía que hacer. Un horario permitirá organizar todo y fomentar el espíritu colaborativo en la familia.

Ayuda fuera del hogar

Puede que necesites algo de ayuda extra, quizás de alguien externo a tu familia. No creas que eso te hace una mala mamá o mala dueña de casa. La verdad es que todos necesitan apoyo.

Piensa en qué tareas podrías delegar en otras personas o instituciones, como la lavandería, el reparto de comida o mercadería a domicilio, etc. Todo dependerá de tu presupuesto y circunstancias.

 


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