El efecto antiestrés de la voz materna

Un estudio reveló que escuchar a una madre en momentos de tensión produce oxitocina, la hormona que inhibe la ansiedad. Una investigación estadounidense publicado en la revista Proceedings of the Royal Society reveló que la voz de una madre tiene el mismo efecto relajante que un abrazo. 

Para el estudio, sesenta niñas con edades de entre siete y doce años realizaron un discurso improvisado o resolver una serie de cálculos matemáticos frente a un grupo de desconocidos. Ambas circunstancias aumentaron los latidos del corazón e hicieron crecer los niveles de la hormona cortisol, vinculada al estrés.

Al parecer, en estas situaciones estresantes, escuchar la voz de sus madres producía prácticamente la misma cantidad de la hormona oxitocina que las generadas cuando las niñas eran abrazadas por sus progenitoras. La oxitocina, bajo ciertas circunstancias, inhibe la liberación de hormona cortisol, y además parece estar involucrada en el reconocimiento y establecimiento de relaciones sociales. La doctora Leslie Seltzer, de la Universidad de Wisconsin, lideró el estudio y destacó que «hasta ahora se pensaba que la oxitocina, secretada en contextos de afectividad, usualmente requería del contacto físico«.

Así es que entre las conclusiones, los especialistas dejaron en claro que «la voz de una madre puede tener el mismo efecto que un abrazo, incluso si no está presente».

Kate Fehlhaber, editora en jefe de Knowing Neurons y candidata doctoral en neurociencias en la Universidad de California.

Escribió para Aeon un interesante artículo reseñando algunos estudios sobre la influencia de la voz materna en los infantes, cuyo poder podría incluso dar forma al cerebro en desarrollo de su bebé. A continuación comparto con ustedes una traducción del artículo.

Desde el útero, las vías auditivas en desarrollo de un feto sienten los sonidos y vibraciones de su madre. Poco tiempo después de nacer, el bebé puede identificar la voz de su mamá y trabajará para oír mejor su voz que las voces de mujeres desconocidas. Un estudio del 2014 en bebés prematuros mostró que reproducir una grabación de la voz de la madre cuando los bebés usaban un chupete era suficiente para mejorar el desarrollo de las habilidades de alimentación oral y acortar su estadía en el hospital. La voz de la madre puede calmar al niño en situaciones estresantes, reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, e incrementar los niveles de oxitocina, la hormona de la vinculación social. Científicos incluso han rastreado el poder de la voz de la madre en los cerebros de los infantes: la voz de la madre activa la corteza prefrontal anterior y la región temporal posterior izquierda con más fuerza que una voz no familiar, preparando al niño para la tarea especializada de procesamiento del habla.

Si bien intuitivamente tiene sentido que la voz de la madre tenga un poder especial sobre bebés y niños pequeños, ¿qué pasa a medida que los niños van creciendo?

Daniel Abrams, neurobiólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, y su equipo de investigadores, expusieron la respuesta a este interrogante usando Imágenes de Resonancia Magnética funcional (IRMf), una técnica de neuroimagen que mide la actividad cerebral al detectar cambios metabólicos en el flujo sanguíneo. Los investigadores examinaron 24 niños de entre 7 y 12 años, que tenían CIs normales, no habían desarrollado trastornos, y fueron criados por sus madres biológicas. En la máquina de Resonancia Magnética, estos niños escucharon grabaciones de palabras sin sentido habladas por sus madres o por otras mujeres. Los investigadores eligieron especialmente palabras sin sentido a fin de no provocar circuitos cerebrales relacionados con la semántica. A pesar de ello, los niños fueron capaces de identificar precisamente las voces de sus madres más de un 97% de las veces en menos de un segundo.

Pero, ¿qué pasó realmente cuando estos niños, más grandes, oyeron las voces de sus madres? El equipo hipotetizó que escuchar sus voces poduciría más actividad en las regiones cerebrales llamadas “selectivas de la voz”, implicadas en el reconocimiento de la voz y en el procesamiento del habla, a comparación de lo que ocurriría cuando oyeran voces femeninas no familiares.

LA HUELLA NEURONAL DE LA VOZ DE LA MADRE DENTRO DEL CEREBRO DEL NIÑO PUEDE PREDECIR LA HABILIDAD DE ESE NIÑO PARA COMUNICARSE EN LA ESFERA SOCIAL

La voz de la madre activó un amplio rango de estructuras cerebrales incluyendo la amígdala, que regula las emociones, el núcleo accumbens y la corteza prefrontal medial, que son parte de un importante circuito de recompensa, y el área de la cara fusiforme, que procesa información de la cara visual. Este patrón de actividad cerebral puede vincularse a una huella neuronal, en la que la voz de la madre provoca una actividad específica en el cerebro de su hijo.

Por otro lado, el equipo encontró que cuantas más conexiones neuronales habían entre esas regiones cerebrales “selectivas de la voz” y aquellas relacionadas a estados de ánimo, procesamiento de recompensas y rostros, más habilidades de comunicación social tenía el niño. En otras palabras, la huella neuronal de la voz de la madre dentro del cerebro del niño puede predecir la habilidad de ese niño para comunicarse en la esfera social.

Si esa huella neuronal es pensada como un biomarcador en el cerebro de un niño, entonces, ¿qué tan diferente luce en niños con trastornos de la función social, como el autismo? ¿Y cómo cambia la huella neuronal en la adolescencia y en la adultez?

Aún no se conocen las respuestas a estas preguntas, pero ahora se ha probado científicamente que la mayoría de nosotros llevamos la voz de una madre en los patrones neuronales de nuestros cerebros: historias antes de dormir, conversaciones durante la cena y charlas que oímos antes de nacer nos identifican, de manera única, tanto como las huellas, permiten el desarrollo emocional y la comunicación social en la infancia y, probablemente, a lo largo de la vida.

 


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