Papás: no discutan frente a sus hijos

niño llorando

En este artículo te comentaremos sobre las nefastas consecuencias que tienen las discusiones en los niños.

Si ése es el ambiente en el que estás criando a tus hijos, deberás aprender a controlarte y cambiar tus patrones de comportamiento.

Consecuencias en su crecimiento emocional

Las discusiones parentales pueden trastornar profundamente el aspecto emocional del niño. Un ambiente tenso al interior del hogar genera problemas como ansiedad, minando la autoestima. También pueden producirse comportamientos agresivos, reproduciendo posteriormente los mismos modelos aprendidos en su familia.

Otras implicancias están relacionadas con sentimientos de inseguridad en el niño, ya que las peleas lo introducen en un entorno inestable. Por el contrario, cuando en la casa no se viven conflictos, el desarrollo psicológico se lleva sanamente.

Si bien las discusiones se viven en todas las parejas, lo importante es alejar a los pequeños del lugar donde ocurren.

Efectos de las peleas

  • En el recién nacido

Aunque no lo pienses, las discusiones de pareja afectan al pequeño bebé. El recién nacido absorbe las emociones de sus padres mediante diversos canales, ya sea mediante la voz o el lenguaje corporal.

El retoño no sólo percibe el amor de sus papás, sino que es capaz de sentir la tensión, el enojo o la agresividad. Cuando las discusiones ocurren cada día, además del plano afectivo, se resienten los cuidados que los padres deben dispensar a su hijito, ocupando mucho de su tiempo en resolver conflictos y volver a discutir.

  • En el preescolar

Al no desarrollarse aún en el plano lingüístico, la mayoría de las cosas no se transmite verbalmente. Ante una discusión, lo más probable es que el pequeño llore y se ponga inconsolable.

El niño no es capaz de comprender en totalidad lo que pasa con sus padres. Por lo tanto, no entiende los temas de la discusión, ni quién tiene la razón de los dos. Incluso, podría tender a tomar partido por uno de sus progenitores o pensar que la pelea se debe a algo que él hizo.

Otras reacciones pueden ser la negativa a inmiscuirse en los asuntos familiares, la indiferencia o los sentimientos de abandono. Si la pelea es violenta, el niño puede pensar que algo muy malo le pasará al que para él se vea más débil, quien normalmente es la mamá. Asimismo, puede agarrarle miedo a sus papás.

El malestar experimentado se evidencia en otros síntomas psicosomáticos, como las alteraciones de sueño o los trastornos alimenticios. Y una consecuencia severa es el retroceso a estados anteriores de desarrollo, como comenzar a hacerse pipí encima o volverse agresivos al jugar o dibujar.

  • En el escolar

En este periodo el niño es capaz de comprender un poco mejor lo que pasa a su alrededor y a posicionarse en el mundo. Las discusiones pueden causarle angustia, ansiedad o sentimientos de culpa, así como vergüenza y falta de autoestima. De algún modo los padres le hacen entender que ya no es el centro de su atención.

Su manejo de emociones y su aprendizaje en el colegio, así como sus calificaciones, pueden verse afectados.

Evita discutir frente a los hijos

Una premisa que los padres deben internalizar es que nunca deben pelear con los hijos presentes. Si están con ellos en casa y necesitan discutir algo, es mejor que se armen de paciencia o que se vayan un rato a otra habitación.

No se trata de ser irrealistas y pensar que nunca discutirán, más bien, se deben asegurar de que los niños no se metan en los conflictos ni tampoco escuchen los argumentos. Una cosa es percibir que algo anda mal y otra es escuchar palabras fuertes o expresiones que los asusten o puedan malinterpretar.

Respecto a este punto, hay que tener en cuenta que los niños toman todo muy literalmente, por lo que si escuchan a su mamá o papá diciendo algo como “¡Me tienes cansado, no quiero más!”, se verán inmersos en un mar de inseguridad, pensando que sus padres están al borde de la ruptura o el divorcio.

Por otra parte, hay quienes piensan que si los papás discuten a menudo, los niños pueden terminar acostumbrándose a esa dinámica de discusiones pequeñas y frecuentes, pero la realidad es que son éstas las que crean un clima familiar inestable, nublando la felicidad que debería existir en el matrimonio y el hogar.

Como el niño necesita sentir que tiene controlada la situación, puede dejar de expresar sus verdaderas necesidades, temiendo que cualquier tema causará una pelea o discrepancia, ya sea un problema en la escuela o con algún miembro de la familia.

Los padres son el referente más importante para los hijos y estos deben recordarlo a la hora de verse tentados a explotar sus rabias frente a ellos. Si uno de los padres maltrata verbalmente o físicamente al otro, se causará una herida tan profunda que podría causar estragos en la personalidad y la vida adulta del niño. Ante todo, deben evitar conductas irrespetuosas y agresivas para con el cónyuge o pareja.

Ayudas para las familias

Cuando existe un problema más grave en la relación, puede ser útil una terapia de pareja. Gracias a la intervención de un profesional se puede mejorar la comunicación y recuperar el equilibrio en la relación, reconociendo las cualidades positivas que tiene cada uno. Si los papás deciden separarse, entonces estas terapias pueden hacer que la transición sea menos traumática para los hijos.

Asimismo, se recomienda la terapia de familia para casos en los que el niño se porta mal o presenta síntomas psicosomáticos más graves. El terapeuta tratará al niño y también a los demás integrantes de la familia para lograr que se lleven armónicamente.

Cómo solucionar los efectos de una discusión

Si los padres se esfuerzan, pero de igual modo terminan discutiendo frente a sus hijos, es vital que les expliquen la situación, ya que ignorar lo que ha pasado puede hacer que se angustien. Deben asegurarle que el que hayan discutido no significa que hayan dejado de amarse. El niño debe poder confiar en el cariño que existe en la pareja y en el afecto que ellos tienen para con él.

Para crear un clima seguro, los padres pueden organizar un panorama en familia, demostrándose el amor que se tienen. Si juegan con sus hijos y se ríen juntos, ellos se sentirán más confiados. Pero no se trata de fingir, ya que los niños son inteligentes y se dan cuenta de las demostraciones afectivas que no son sinceras.

Lo que debes evitar

Nunca metas al niño en el conflicto, ya sea desacreditando al otro, ni usándolo como un mensajero o intermediario.

Procura por todos los medios no discutir a la hora de acostarse, ya que las preocupaciones pueden evitar que tu hijo concilie el sueño y duerma plácidamente.

 


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