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Padre en el parto


Presencia del padre en el nacimiento de su hijo

Elegir entre participar o no del parto es una decisión difícil, en especial cuando se ignora todo acerca de esta experiencia. Por eso, Facemamá te da la información que necesitas saber al respecto.

Pasar las últimas horas juntos en casa es más tranquilizador y agradable para los futuros padres, aunque según la profesión es más o menos fácil para él disponer de tiempo, lo que exige cierta organización. Sin embargo, cuando se trata del primer hijo, entre el momento en que la mujer siente las primeras contracciones y el instante de ir a la maternidad, en general pasan varias horas, por eso sería importante la presencia del padre en el nacimiento de su hijo.

Si el hombre está presente, cada uno vive a su manera las últimas horas de espera en casa. Para pasar la espera, se puede revisar que todo esté listo y en orden, para que así la madre evite preocuparse y se sienta tranquila.

Por lo demás, todo depende de la sensibilidad de cada persona. No hay actitudes o gestos obligados en esos momentos; puede ayudarla a relajarse con caricias. Sentados o echados el uno junto al otro, o bien sin contacto físico, si lo que ella está viviendo le impresiona un poco.

La mujer está concentrada en su cuerpo y en el nacimiento que se acerca. No tiene ganas, necesariamente, de recibir atenciones en particular. Cuanto más atenta está a lo que siente, más favorecerá el parto. El simple hecho de tenerlo cerca ya es de por sí reconfortante y le permite prepararse bien para el momento. En cambio, si está angustiada, podrá calmarla con ternura.

En la última visita al médico muchos hombres preguntan en qué momento hay que partir a la clínica. Sin duda, las explicaciones de la matrona ayudarán, pero es la mujer la que el día “D” lo sabrá, ya que lo notará en su cuerpo. Aunque no comprenda cómo lo sabrá, confíe en ella. Los casos de parto durante el trayecto son rarísimos, aunque este temor sigue muy arraigado.

Llegó el momento de tomar la decisión

Estar presente en la sala de partos es una medida que deben tomar los dos. Es posible que ella no desee tu presencia, por pudor, porque teme sentirse menos libre de expresar su dolor, porque  le preocupa que más adelante puede parecerle menos deseable o por muchas otras razones. Pero tal vez sea usted quien desee estar allí, lo cual es del todo comprensible.

Lo importante es que cada uno entienda la decisión del otro y  la respete. Por el hecho de no estar solos en la sala de partos no dejarán de estar juntos. A algunas mujeres les da mucha fuerza el hecho de saber que su pareja está mentalmente cerca de ella y del bebé que llegará. No necesitan su presencia física.

Aumenta el nerviosismo

El hombre puede vivir un momento muy intenso aunque no asista al nacimiento. Cuando se encuentra en la maternidad, oirá a su mujer, presenciará las idas y venidas del personal que la atiende y estará a la espera. Y cuando la matrona le anuncie que el hijo o hija ya nació, sentirá una emoción igual de intensa. En cierto modo, más que el hecho de asistir al parto, el amor por la mujer y el hecho de pensar en el niño que está apunto de venir al mundo es lo esencial.

Cada cual vive este momento a su manera, lo importante es compartir este deseo. No obstante, si continúas ejercitando tus actividades profesionales, puedes sentirte un poco perturbado cuando llegue el bebé. No olvides que durante el parto tú también eres un padre que está “naciendo”, y lo vives celebrándolo, hablando, sin hacer nada especial o estando junto a ella.

“Asistir al parto” engloba distintas formas de acompañar. Puede estar junto a la pareja durante toda la fase de contracciones y dilatación del cuello del útero, que dura varias horas y se desarrolla en la sala de dilatación. Y puede optar por no acompañarla después en la sala de partos. O si prefiere, puede estar con ella al principio y al final y asistir también a la última fase del nacimiento, que dura alrededor de media hora; de este modo verá cómo nace el bebé.
   
En todos los casos, es libre de entrar y salir de la sala de partos cuando lo desee. Algunos hombres deciden participar, pero una vez dentro de la sala se sienten incómodos y prefieren esperar afuera. Estas idas y venidas se permiten libremente. Es mejor salir que quedarse y sentirse violento. Por otra parte, nadie puede estar totalmente disponible por doce horas, tiempo promedio que suele durar un parto.
   

Ya viene el bebé

Lo más difícil del parto es ver que la pareja está sufriendo y no poder hacer nada. Aunque hay que tener en cuenta que sufrir no es la palabra exacta. Las muecas, los gemidos y los gritos de una mujer que está dando a luz no siempre expresan un dolor intenso, sino que también son una manera de exteriorizar, lo cual ayuda a hacer el esfuerzo necesario y que todo vaya mejor.

Es cierto que la mujer siente dolor, pero está más allá de ese dolor, ya que está concentrada en el avance del nacimiento del bebé. Los gritos y gemidos no son sistemáticos y cada mujer reacciona a su manera. Por lo general, el comportamiento en la sala de partos escapa a las reglas “habituales” de cortesía, y ésta desaparece cuando el niño está apunto de nacer. Cuando una mujer empuja para ayudar al bebé a venir al mundo, se trata de la vida en estado puro. La fuerza de la mujer y la energía de la pareja sorprenderán y se sentirá orgulloso de ella. También estás trastornado, no te encuentras en tu estado normal, tanto si lo demuestras o no.

Respecto al lugar en el que debe ponerse el hombre, podemos señalar que lo óptimo es que lo haga a un lado o detrás de su pareja. Cuando el bebé empieza a salir, a veces los médicos sugieren al padre, si así lo desea, que se ubique adelante para presenciar cómo sale su hijo, pero algunas mujeres temen que su compañero las desee menos en el futuro si las ve en esa circunstancia. Si a tu mujer le incomoda es mejor evitarlo. Además las más púdicas pueden pedir que les coloquen una tela sobre el vientre en el momento en que sale el bebé. Es importante que hablen de esta situación con anterioridad.
   
Asimismo, debe saber admitir los propios límites. Presenciar un parto de frente es más impresionante de lo que imagina. Si permanece al lado de la mujer también verá cómo sale la cabeza del bebé  y después el resto del cuerpo. Esta situación es menos agresiva y más reconfortante para la madre, quien se sentirá respaldada en el aspecto anímico. Estará junto a la pareja y podrá calmarla y animarla hablándole al oído. Estará junto a ella y mirará en la misma dirección.

No hay reglas estrictas sobre la conducta que se debe mostrar durante un parto. La simple presencia es un consuelo. Aunque en ciertos gestos tranquilizadores la ayude a relajarse, no olvide que no debe reemplazar a la matrona. Habrá un momento en que estarán solos en la sala de dilatación, sobre todo durante las primeras horas. Pero si surge el menor problema, es preciso hacerse un lado. En ningún caso está ahí para ayudar al parto. Ofrezca apoyo a la mujer que ama y observe cómo nace su hijo. Eso es más que suficiente.
 

 


 
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