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Jardín infantil Jardín infantil

Como toda experiencia, ésta puede resultar muy buena o que al menor le cueste adaptarse. Lo importante es que interactúe con sus pares, ya que le servirá para su desarrollo social y normativo.

Experto: Ariel Garay, psicólogo infanto-juvenil de la Universidad Gabriela Mistral

 

Cada vez que el niño crece, comienzan a incorporarse nuevas etapas en su vida. Ahora, debe compartir con otros pequeños, sociabilizar y jugar. Es el momento de ir al jardín infantil y realizar todas estas actividades, pero es necesario que los padres conozcan algunos detalles sobre este especial momento.

Lo primero que deben saber es la edad en que su hijo ingresará a este tipo de establecimiento. Si se trata de la sala cuna, los menores pueden ir desde el 3° mes de vida. Si entra a un jardín infantil medio menor, la edad apropiada es desde los dos años.

“Lo importante es que el niño haya desarrollado una ‘confianza básica’, que le permita lograr una separación de la madre en términos seguros, dándose mayor capacidad de autonomía e interés por los otros niños”, afirmó a Facemamá Ariel Garay, psicólogo infanto-juvenil de la Universidad Gabriela Mistral.

Tips para prepararlo

  • Que participe e interactúe con otros niños, antes del ingreso al jardín y por un período que permita la adaptación con diferentes personas.
  • Conversar con él sobre el tema, de manera que manifieste sus dudas y temores.
  • Visitar familiares con los que no está habituado, para que experimente el contacto con personas desconocidas.
  • Establecer horarios similares a los que tendría si estuviera en el jardín.
  • Asistir al jardín unos días antes para que el pequeño se familiarice con el lugar.

Factores que llevan al llanto

Uno de los motivos porque un niño no quiere ir al jardín, es alejarse de su madre y del entorno seguro que lo rodea en casa. Le cuesta despedirse de ella, y muchas veces termina llorando a mares. Lo importante es que al menor se le cuente la verdad, que la mamá no diga que vuelve en seguida cuando no es cierto.

“Ante este hecho, el niño se puede quedar con una expectativa poco realista de que su mamá volverá o que está cerca. Pero al darse cuenta de lo contrario, sentirá inseguridad o molestia por habérsele mentido”, dice el psicólogo Ariel Garay.

Luego de dejar al niño en el jardín, la madre querrá compensarlo ante su ausencia, pero tal como recomienda Garay, es mejor “involucrarse en sus actividades, preguntarle cómo le fue, qué hizo, cómo se sintió. Presentar interés en su persona y quizás darle consejos sobre algunos temas. No es bueno sobrecompensarlo, ya que se generan situaciones negativas”.

Otra manifestación de lágrimas se debe a que a los pequeños les cuesta manejar de manera apropiada sus emociones o no cuentan con la habilidad para expresarlas adecuadamente. Esto puede llevar a una “manipulación” del hecho. El niño quiere evitar una situación nueva en la cual se siente inseguro.

Ante el hecho, Ariel Garay sugiere a los padres que muestren una actitud de contención y comprensión, siempre estimulando al niño a asistir al jardín. Que sean firmes, pero sin dejar de lado la parte afectiva.

Si el pequeño continúa con esta conducta, el psicólogo recomienda que se lleve al niño a un especialista, para determinar si existe algún elemento que pudiera afectarlo y comprobar el motivo del llanto o de la poca adaptación al jardín.

Datos para elegir un jardín infantil

  • Tipo de personal: determina las características del establecimiento en sí.
  • Buena estructuración: cargos bien organizados y que tenga las certificaciones correspondientes.
  • Profesionales: como psicólogos, manipuladores de alimentos, auxiliares y personal que atienda situaciones de emergencias médicas.
  • Infraestructura: baños adecuados, equipo para establecer una buena higiene, patios que permitan un buen desarrollo espacial de los niños, correcta iluminación, calefacción, entre otros.
  • Importancia del espacio: que sea acogedor, seguro y que cuente con materiales didácticos suficientes para lograr los objetivos educacionales.
  • Proyecto educativo: tomar en cuenta los objetivos del establecimiento y si éstos se ajustan a lo que quieren los papás.

Testimonio de una mamá

Carol Díaz es madre de 2 niños, ambos fueron al jardín, pero sus experiencias resultaron algo distintas. Su hijo Lukas fue por primera vez a la sala cuna en jornada completa cuando tenía seis meses. “Fue un poco complicado, ya que estaba acostumbrado sólo a mi, pero le hizo muy bien, porque aprendió de todo. Le sirvió para cuando ingresó al colegio, ya que sabía muchas cosas”, sostiene.

Una situación bastante distinta vivió esta mamá con su otro hijo Ignacio. Él asistió a los dos años y medio, y estuvo un par de meses. Luego lo retiró y volvió a ingresar a los tres años. “A él le costó mucho adaptarse, sólo iba media jornada y me hacía muchos escándalos cada vez lo que lo iba a dejar, se agarraba de la reja y no quería entrar”, dice Carol.

Las tías le contaban que Ignacio lloraba mucho y que la extrañaba. Todo esto tuvo consecuencias, ya que al pequeño le costó cuando entró al colegio, tenía problemas de motricidad y de adaptación con sus demás compañeros.

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