¿Colegios mixtos o diferenciados?

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Especialista explica cuáles son las consecuencias que tiene el que un niño estudie en un colegio mixto o en uno de un solo género.

 A raíz de la carta que envió Marina Ascencio, una niña de 11 años, a la Presidenta Michelle Bachelet y a otras autoridades pidiendo ingresar al Instituto Nacional, se ha desatado un debate en torno a la conveniencia de que existan colegios diferenciados por sexo versus aquellos que son. ¿Cuál sistema escolar sería es el más adecuado?

“Las investigaciones científicas con estudios que se inician en la década de los ’90, principalmente en Europa, muestran realidades relevantes de conocer y evidencian la tendencia de algunos países de potenciar la educación diferenciada. Son variados los informes que dan cuenta de los beneficios que genera una educación diferenciada entre niñas y varones, aludiendo principalmente a aspectos de tipo neurológico”, señala Susana Arancibia, docente de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico.

“Se ha detectado que  niñas y niños frente a un mismo problema mental activan diferentes áreas cerebrales, resolviéndolo ambos de manera acertada. Esto ha llevado a erigir que el cerebro tendría una connotación sexual y, por tanto, al intentar trabajar con los niños de manera conjunta probablemente se pierdan o aminoren las posibilidades de potenciar áreas específicas en ambos casos. Igualmente las mujeres presentan un ritmo de maduración más temprano, proceso que si es bien estimulado potencia su desarrollo. Además, hombres y mujeres tienden a generar en determinados momentos del desarrollo habilidades mentales distintas”, explica la psicóloga.

Muchos países europeos han optado por colegios diferenciados por género. En tanto, en Chile sólo el 3,8% de los colegios son sólo para hombres o sólo para mujeres.

“Si bien las investigaciones son muy relevantes en el área, para nuestra realidad nacional es muy factible que las estrategias de enseñanza-aprendizaje no varíen mucho de un salón de clases a otro. Esto deja en evidencia una arista de la situación compleja, en términos de comprender si los adultos, educadores y profesionales en general, estamos capacitados para realizar tales distinciones aprovechando el máximo potencial de los niños”, apunta la experta de la U. del Pacífico.

Los beneficios de los colegios mixtos

Uno de los puntos importantes de la discusión es que se suele creer que los niños y las niñas que asisten a un colegio mixto logran relacionarse con el sexo opuesto de mejor manera, ya que aprenden a sociabilizar desde temprana edad.

A nivel social, el colegio en la actualidad se ha convertido en un espacio microsocial que permite observar la complejidad de las interacciones y, al mismo tiempo, se transforma en un laboratorio social donde niños y niñas aprenden determinados comportamientos. Este punto se vuelve relevante en la medida que la temprana interacción entre niños de distinto sexo promueve la natural y adecuada integración entre los mismos”, asegura docente de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico, Susana Arancibia.

Según la especialista, los menores que estudian en un colegio mixto tendrían más empatía y aceptarían de mejor manera las diferentes formas de entender el mundo, ya que conviven con ello en la sala de clases.

“Nadie niega las naturales diferencias que existen en el comportamientos de cada cual, sin embargo esta forma de vivir la experiencia de manera cotidiana ayuda a las generaciones a comprender los distintos puntos de vista, las formas de entender el mundo desde una configuración que supera la propia persona, permite comprender que existen diversas perspectivas y que el ser distintas no significa que sean equivocadas. En tal sentido, los colegios mixtos promueven más que la tolerancia, la aceptación entre personas que probablemente en el mundo adulto deberán convivir, ya sea en el trabajo, los espacios públicos o incluso las propias familias”, describe Arancibia.

Desde la perspectiva social, pareciera que existe una ganancia más inmediata en torno al aprendizaje de habilidades blandas por parte de los estudiantes, valorando lo diferente, aceptando pensamientos y propuestas innovadoras provenientes de cualquiera de ellos. Al mismo tiempo, comienzan a operar los mecanismos de control social propios de cada grupo. Niñas y niños se comportan de manera distinta cuando están solos versus cuando comparten los mismos espacios, conducta que se replica en el mundo adulto social y laboral”, complementa la docente de la U. del Pacífico.

Otro de los beneficios de los colegios mixtos sería que los que asisten a un colegio con compañeros de ambos géneros logran tener una mayor información del ámbito sexual de una manera natural.

“Si bien la etapa de iniciación de la adolescencia pudiera transformarse en una complejidad, al mismo tiempo propicia los equilibrios necesarios para el buen convivir. De manera natural y desde otra perspectiva, los niños que se educan juntos tienden a tener información sexual más precisa respecto del otro sexo, principalmente por las preguntas que se esbozan de unos y otros. En la misma línea, al crecer juntos, perciben cada uno de los cambios físicos y psicológicos personales y de sus compañeros como algo propio de la naturaleza humana, transformándose sin lugar a dudas en una ganancia social”, apunta Arancibia, docente Magíster en Familia, Infancia y Adolescencia de la Universidad del Pacífico.

En conclusión, según la experta la balanza en Chile debería inclinarse hacia los colegios mixtos, pero adelanta que la discusión recién está comenzando.

“En un tiempo donde las teorías de género han aparecido fuertemente guiando el discurso social, parece relevante potenciar la presencia de ambos géneros y no de uno sobre otros, situación que no se promueve con la distinción de los colegios. Sin embargo, es evidente que la discusión en torno a las ventajas o desventajas de los colegios mixtos es una realidad que recién comienza y necesitamos con urgencia estudios científicos que avalen una u otra posibilidad basados en nuestra cultura, en nuestras costumbres y realidad”, concluye Susana Arancibia, docente de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico.

 

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