Cómo enfrentar una mudanza con niños

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Una mudanza implica muchísimos cambios: un nuevo hogar, nuevo colegio o incluso nueva ciudad o país.

¿Cómo apoyar a tu pequeño para que pueda desenvolverse bien en su nuevo ambiente sin generarle traumas? En esta nota te damos algunas recomendaciones.

Comunícale la mudanza con tiempo

En vez de esperar hasta estar con el camión dispuesto a cargar las cosas, dales la noticia a tus hijos en cuanto sepas que se mudarán definitivamente.

Dependiendo de la edad del niño, se le puede transmitir la idea de la mudanza con antelación. Así será más fácil para él.

En el caso de niños menores de 2 años, es determinante para ellos tener rutinas marcadas. Ten en cuenta que los más mínimos detalles pueden afectarlo. Por ejemplo, no es lo mismo para él lavarse los dientes en un baño en el piso de abajo que en uno arriba. Lo que para un adulto es un tema sin importancia, a un niño puede alterarlo. Si le hablas sobre qué cosas cambiarán, le será más sencillo adaptarse.

A partir de los 4 años, a los niños les cuesta más moverse de su zona cómoda. Al ir creciendo van definiendo su identidad y necesitan apoderarse de su entorno. Los cambios, por tanto, suponen una gran transformación en su vida.

Los expertos señalan que al acercarse a los 7 años – la llamada “edad de la razón” – son aún más complicados los cambios. Pero si se prepara bien a niño, le será muy útil, ya que aprenderá a afrontar los retos que se le presenten de aquí en adelante, lo que le servirá para su adolescencia y adultez.

Haz que el niño participe

Una manera de hacer al niño partícipe de la mudanza es ir con él a conocer la nueva casa, el nuevo colegio o el nuevo lugar donde vivirán.

Sin embargo, esto no quiere decir que dejes que él sea responsable de la toma de decisiones, como si su opinión fuese determinante para mudarse o no. Es muy diferente involucrarlo en el cambio que pedirle su consejo al respecto. Lo que sí se puede hacer es dejarlo escoger en algunos ámbitos pertinentes, como qué dormitorio tendrá o de qué color pintar las paredes de su habitación.

Aun si le gusta su nuevo hogar, es normal que el pequeño viva el duelo de su antigua casa, después de todo, en su corta vida ha sido un espacio fundamental. Una manera de ayudarlo a sobreponerse a haberlo dejado es motivarlo a expresar los recuerdos lindos asociados a ese lugar y «agradecerle» todo lo que les dio. Ésa es una manera de dar vuelta la página y empezar un nuevo capítulo en su vida.

Presta oído a sus inquietudes

Antes de querer tranquilizar a tu hijo, necesitas saber qué es lo que siente realmente. Se precisa conocer sus emociones y pensamientos para luego ser capaz de transmitir los tuyos de manera efectiva.

Los especialistas mencionan que querer consolar antes de escuchar es un mal hábito de algunos padres. Es un problema de los adultos que siempre quieren dar razones y adelantarse a la situación antes de saber qué es lo que sus hijos piensan.

Entonces, es mejor evitar decir “Nos vamos a cambiar de casa, pero… no te preocupes, vas a amar el nuevo lugar” o “Vamos a mudarnos, pero… no te preocupes, ya tendrás nuevos amigos”. Lo que lograrías es todo lo contrario: asustar al niño, dándole motivos por los que preocuparse, validando sus miedos.

Si ante todo intentamos tranquilizarle, estaríamos convirtiendo su preocupación en algo real, creyendo que estamos haciéndolo todo más fácil, cuando no es así. Le daríamos un mensaje equivocado: que debe esconder sus temores; cuando en realidad, estos siguen muy latentes en su interior.

Por lo tanto, el mejor consejo es hablar lo menos posible y estar dispuesto a escuchar. En vez de procurar tranquilizarlo todo el tiempo, motiva al niño a expresarse con confianza y luego escucha con atención lo que te diga. Los niños valoran muchísimo la atención que les prestan sus progenitores.

Reserva tiempo para tu hijo, pregúntale qué cosas le dan miedo, cómo cree que será el nuevo curso o la vuelta a clases, y cómo cree que podrá hacer frente a esos desafíos. Si así lo haces, le darás las herramientas para que él encuentre por sí solo la manera de avanzar.

Los niños necesitan encontrar las soluciones por sí mismos, sin que su papá o mamá le eviten esa posibilidad, así logrará ser seres autónomos y confiados. Por supuesto, esto no quiere decir que dejemos solos a los niños, sino más bien confiar en sus recursos, siempre acompañándolos en su reflexión.

Transmítele tranquilidad

Una manera de tranquilizar al niño es contarle que sus temores son normales, que incluso sus papás sienten algo de miedo debido a este cambio de circunstancias, y que no está mal expresarlos.

También puedes calmarlo diciéndole que puedes contarle qué otras cosas pasarán o con qué se puede encontrar en su nuevo entorno. Es un modo de prepararlo y no dejar todo a la casualidad o a la sorpresa.

Si el niño te dice que sí, que quiere que le cuentes más cosas, entonces puedes transmitirle otros sentimientos. Pero, ¿no sería peligroso el generarle más angustia? La verdad es que no, ya que al repasar algunos temores, estos se establecen como normales y es la manera en la que el infante aprende a gestionarlos.

No dudes en volverlo partícipe de tus emociones. Puedes comentarle qué es lo que tú temes: ya sean nuevos compañeros de trabajo, la relación con tus nuevos vecinos o un nuevo idioma (si es que se trasladan de país).

No le traspases sólo inquietudes, sino cuéntale qué harás para manejarlos; así, podrá entender cómo se da solución concreta a las dificultades.

Dale libertad para apropiarse del lugar

Cuando lleguen al nuevo lugar, es fundamental que se tome posesión de éste. Denle permiso para arreglar su habitación, escoger algún cuadro o adorno, etc. Mientras más participe, menos miedo tendrá.

El pequeño aumentará su seguridad si puede influir en pequeñas decisiones. Así, elegir dónde poner su cama o cuál será su dormitorio lo harán sentir confiado. Mientras que si los papás se encargan de todo, el niño se sentirá desarmado. Por el contrario, si son ellos los que deciden todo por él, el espacio se convertirá en un cuarto desconocido, lo que podría producirle más miedo.

Cuanto antes lo hagas, mejor: a partir de los 3 años, se le puede dejar que pegue algún sticker en la pared o que ponga algunos peluches en su cama. No obstante, no lo dejes solo en esta etapa, sino más bien, acompáñalo mientras se apropia del nuevo ambiente.

Posibles consecuencias

Finalmente, no te angusties si, a pesar de todo lo anterior, tu niño se traumatiza con la mudanza. Si tu hijo es especialmente sensible, le será difícil aceptarlo y sobrellevarlo.

Los expertos aconsejan vigilar al niño en los meses posteriores a la mudanza, ya que podría presentar algún trastorno de comportamiento asociado a la mudanza, como cambios en sus ritmos de sueño, en sus hábitos alimenticios, dificultades para sociabilizar e incluso síntomas físicos (dolores de estómago por ejemplo).

Ante un caso así, conviene acudir a un profesional médico o psicólogo.

 

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