El castigo en los niños

Si tu hijo se está portando mal y quieres frenar y cortar de raíz ese mal comportamiento, debes sacarlo de esa situación durante un lapso de tiempo determinado. El castigo en los niños.

Experto: Sandra Oltra, psicóloga infantil de Clínica Alemana

Este es un método no violento muy eficaz para cambiar la conducta de tu niño. He aquí algunas recomendaciones para que apliques esta técnica con éxito. Comopaso debes aprender qué es exactamente un tiempo de castigo o descanso.

El tiempo de castigo

Esto no es en realidad un castigo, sino que constituye una ocasión para que tu hijo esté a solas consigo mismo, aprenda a tolerar su frustración y, finalmente, se calme y cambie su comportamiento. Por lo tanto, lo básico es que hagas que él esté solo y lo más tranquilo posible por unos momentos. El objetivo es introducir la noción de interrupción obligatoria de su comportamiento, pero con flexibilidad, tranquilidad y contención.

Una gran ventaja de estos tiempos de descanso es que no te alteras, ni gritas, ni usas ninguna clase de método violento, cosa que en sí misma sería perjudicial porque valida ante el niño este tipo de comportamiento que es precisamente lo que se quiere evitar.

A los niños pequeños les cuesta quedarse sentados. Tratar de obligarlos a estar quietos es contraproducente y puede llegar a ser bastante frustrante. Lo que suele pasar es que escoges un lugar para que pase un tiempo solo, se escapa, lo persigues, lo agarras y tratas de forzarlo a que permanezca en su lugar.

Tu hijo podría empezar a reír porque esto ya aparenta ser un juego, o quizás se ponga a llorar porque su frustración ha aumentado debido a tu exigencia y, probablemente, vuelva escapar. A esta altura tu niño ya no recordará qué fue lo que motivó el castigo y nada útil habrá sacado de todo esto.

Comprueba que tu niño ya es capaz de entender y aceptar el “tiempo de castigo”.

Los tiempos de descanso tradicionales, es decir aquellos en que un niño debe mantenerse sentado y tranquilo, no son posibles hasta que los pequeños tienen una edad de entre 2 y 3 años. Para darte cuenta de que tu hijo ya está preparado para este método disciplinario debes buscar ciertas señales que te indiquen que entiende el concepto de lo que es aceptable y de lo que no lo es. Esto es lo que se llama “función reflexiva” de los padres y es lo que se busca entrenar en ellos.

Una de las maneras de hacerlo es que tu hijo te diga que tú no has respetado alguna norma. Por ejemplo, si no le permites comer galletas en la cama, procura que te vea comiendo galletas en la cama, si te dice que eso es algo que no debes hacer, pues ya está entendiendo que existen normas que hay que obedecer. Mientras esto no ocurra no podrás aplicar la técnica del “tiempo de castigo”.

En los casos en que sea difícil implementar esta técnica, es recomendable empezar con algunas variaciones:

El tiempo de descanso

Este es el llamado time-in. Si tu niño todavía no es capaz de acatar un momento de castigo solitario, puedes comenzar por prepararlo con un “castigo positivo”. Por ejemplo, si tu pequeño está frustrado y empieza a perder el control, le dices con firmeza pero calmadamente: “ya, no sigamos con esto, mejor paremos y vamos a dibujar juntos hasta que nos sintamos mejor”.

También podrían escuchar un poco de música, leer un cuento o armar un rompecabezas sencillo. La idea es interrumpir una posible cadena de conductas negativas al mismo tiempo que le vas enseñando la noción de permanecer sentado durante un momento para calmarse. Esto se traduce en la distracción.

Explicando y mostrando cómo se hace

Una vez que tu niño sea capaz de mantener la concentración, pueda asimilar instrucciones y permanecer realizando una actividad determinada durante más tiempo, podrás emplear el tiempo de castigo más riguroso.

Sin embargo, no te precipites, el método funcionará mejor si se lo has explicado antes. Puedes prepararlo diciéndole: “cuando te estés portando de una manera que a mi o a tu papá no nos guste, te diremos que tienes que descansar un rato, o sea que te tendrás que sentar en esta silla hasta que se te pase el enojo”. También podrías sentarte tú misma en la silla para mostrárselo o poner alguna muñeca o peluche.

No seas demasiado rígida

Si bien el objetivo de todo esto es introducir la noción de interrupción obligatoria de su comportamiento, debes ser flexible. Entre los 2 y los 3 años los niños tienen una gran cantidad de energía y la idea de detenerse habitualmente no les hace ninguna gracia. Probablemente, exigirle que se siente de una determinada forma, en un lugar específico y durante un cierto tiempo sea demasiado para el pequeño.

Puedes flexibilizar las reglas haciendo, por ejemplo, que se quede sentado o quieto en el lugar en que esté en ese momento. En cuanto al tiempo, existe la regla de 1 minuto por cada año de edad, sin embargo se aconseja no aplicarla al pie de la letra hasta después de los 3 años, de modo que puedes empezar con lapsos menores de tiempo.

Para niñitos menores, treinta segundos son suficientes. La idea central aquí es que el período de tiempos sea lo suficientemente largo como para reorientar la atención de tu hijo, pero lo suficientemente breve para no frustrarlo.

Ten paciencia y no esperes milagros

Sin duda ya sabrás lo increíblemente activos que son los niños de entre 2 y 3 años. Esto tiene que ver con su forma de aprender y conocer lo que los rodea, de manera tal que están probando sus límites constantemente y haciendo “experimentos” a cada momento, destinados a comprender tanto las leyes de la naturaleza como tu propio comportamiento y reacciones a las distintas situaciones que él “propone”.

Si deja caer una y otra vez su comida al piso, no es con la intención de enfadarte, está comprobando que eso sucede siempre, es decir, la ley de gravedad. Si le hiciste saber que cierta conducta suya te molesta o es inapropiada, es posible que la repita para comprobar que todavía eso te parece mal, no porque te esté desafiando. Debes ejercitar tu paciencia y también debes ser constante en la manera en que reaccionas.

Recuerda que es necesario estar presentes y monitorear tanto las reacciones del niño como evaluar si está preparado para recibir este tipo de consecuencia frente a sus acciones, lo que supone una “acción reflexiva” de parte de los padres, que es precisamente lo que se promueve desde el modelo de manejo conductual.

Este método, independiente de su nombre, busca que los padres actúen en pleno control de si mismos, con capacidad de ver/comprender/contener a su hijo en los momentos confictivos y se requiere de la disposición de sacar al niño de la situación conflicto para evitar la escalada de frustración y respuestas negativas.


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