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Posparto

Postparto

Molestias después del parto Molestias después del parto

Luego del parto, la mujer comenzará a notar algunos cambios en su cuerpo, que pueden presentarle ciertas inconveniencias.

Ante la tan esperada llegada de tu bebé, finalmente lo conoces pero al mismo tiempo, comienzas a sentir una serie de emociones y surgen preguntas sobre lo que viene. Tras el nacimiento de tu hijo percibirás algunos cambios físicos en tu cuerpo.

Por esto, a continuación te señalamos algunas de las molestias después del parto:

  • Pechos sensibles y dolorosos al tacto. Cuando te suba la leche, es posible que tengas los pechos tan hinchados que te duelan durante varios días, como también te molesten o duelan los pezones.
  • Estreñimiento. Tras el parto, es posible que tardes varios días en ir al baño y que las hemorroides, la cicatriz de la episiotomía y los músculos perineales doloridos hagan que la defecación te resulte dolorosa.
  • Episiotomía. Si se te desgarró el perineo (el área de piel comprendida entre la vagina y el ano) o bien te lo cortó el médico durante el parto, puede resultarte doloroso caminar o sentarte debido a los puntos hasta que éstos cicatricen. Los puntos también te pueden doler al toser o estornudar.
  • Hemorroides. Éstas (tejido anal inflamado) son sumamente frecuentes durante el posparto.
  • Sofocos y escalofríos. La adaptación de tu cuerpo a los niveles hormonales y de riego sanguíneo del posparto puede desequilibrar temporalmente tu termostato interior.
  • Incontinencia urinaria y/o fecal. La distensión de los músculos del suelo pélvico durante el parto puede conllevar que se te escape un poco de orina al toser, reír o hacer esfuerzos, así como dificultar el control de los movimientos intestinales, especialmente si tuviste un parto vaginal largo.
  • Entuertos. Tras el parto, tu útero se seguirá contrayendo durante unos días. Las notarás más mientras amamantas a tu bebé o si tomas medicamentos para reducir el sangrado vaginal.
  • Pérdidas vaginales (loquios). Inicialmente más copiosos que las menstruaciones y a menudo con presencia de coágulos, las pérdidas vaginales se irán haciendo progresivamente más claras, empezando de color pardo y acabando de color blanco o amarillento hasta desaparecer por completo al cabo de unos dos meses.
  • Peso. Después de haber dado a luz, probablemente pesarás unos 4,5 kg (el peso del bebé, la placenta y el líquido amniótico) menos de lo que pesabas al final del embarazo. Durante la primera semana del posparto, el peso adicional constituido por agua irá disminuyendo a medida que tu cuerpo recupere su equilibrio de sodio.

Debes tener presente que todos estos cambios son normales después del embarazo, debido a que tu cuerpo tardó nueve meses en adaptarse al bebé y ahora debe volver a la normalidad. Pero debes llamar al médico en las siguientes situaciones:

  • Tiene fiebre inexplicable de 100,4º Fahrenheit (38º Celsius) o superior.
  • Necesita más de una compresa por hora, tiene coágulos voluminosos o le aumenta el sangrado vaginal.
  • Le han practicado una cesárea o una episiotomía y la herida se le pone roja, se le inflama o empieza a supurar pus.
  • Experimenta un nuevo dolor, hinchazón o molestias en las piernas.
  • Tiene los pechos calientes al tacto, rojos y/o doloridos, o le salen grietas o le sangran los pezones o las areolas mamarias (las áreas de piel más oscura que hay alrededor de los pezones).
  • El flujo o las pérdidas vaginales adquieren un olor fuerte y desagradable.
  • Experimenta dolor al orinar, necesidad repentina de orinar o incapacidad para controlar la orina.
  • Experimenta un dolor creciente en el área vaginal.
  • Desarrolla tos o dolor torácico, nauseas o vómitos.
  • Se siente deprimida o tiene alucinaciones, ideas suicidas y/o pensamientos sobre hacerle daño al bebé.
 

Depresion postparto Depresión postparto

Si luego de dar a luz sientes que el mundo se te viene encima y estás muy desanimada, es probable que padezcas depresión. En Facemamá.com te contamos sobre esta enfermedad y te explicamos todo sobre ella.

La depresión postparto generalmente ocurre entre el tercer y el séptimo día después del alumbramiento -es decir, una vez que la mujer llega a la casa- y puede manifestarse incluso hasta 30 días después del nacimiento del bebé.

No se sabe debido a qué se produce, pero algunos lo atribuyen a factores hormonales. Además influyen los cambios experimentados en el cuerpo, la inseguridad de cómo será considerada por su marido ahora que se siente gorda o con baja autoestima; los factores psicológicos previos, que al momento del nacimiento se hacen más evidentes, como la personalidad frágil, problemas en su infancia como sobreprotección o falta de cariño y la responsabilidad e inquietud de lo que significa ser madre: organizarse, volver a trabajar, y la ansiedad.

Síntomas

En la mujer son propios de un estado depresivo: el desánimo, desinterés, falta de energía, tristeza, hipersensibilidad, vulnerabilidad, llanto por cualquier motivo. La madre, incluso, expresa ideas casi irracionales en cuanto a su incapacidad de hacerse cargo de su hijo y, muchas veces delega sus responsabilidades con gran sentimiento de culpa.

La depresión luego de tener un hijo es una de las enfermedades más frecuentes tras el parto, y afecta a una de cada diez mujeres. Si no se trata adecuadamente puede persistir durante meses e incluso años.

La tristeza es desde luego el síntoma más frecuente de la depresión postparto. Las pacientes se sienten bajas de ánimo, infelices y desgraciadas la mayor parte del tiempo, aunque estos síntomas pueden empeorar en algún momento particular del día, como por las mañanas o por las tardes. En ocasiones, las pacientes pasan días malos y días buenos, siendo estos últimos realmente frustrantes, ya que el día bueno previo hizo que se albergaran esperanzas de mejorar. A veces, a estas madres les parece que no vale la pena vivir, precisamente en un momento en que deberían sentirse muy alegres.

La irritabilidad con frecuencia acompaña a la sensación de tristeza. La paciente puede estar irritable con sus otros hijos y ocasionalmente incluso con el recién nacido, aunque la mayoría de las veces lo está con su marido quien no suele comprender qué es lo que está pasando.

Todas las nuevas madres se sienten un poco abrumadas y fatigadas, pero la madre con depresión postparto, se siente tan agotada que llega a pensar que padece alguna enfermedad física. Cuando por fin la madre se va a la cama puede que tenga dificultad para conciliar el sueño, o si duerme, puede que se despierte muy pronto, incluso aunque su pareja sea quien se ocupe de alimentar al bebé durante la noche.

Las madres deprimidas generalmente no tienen ni tiempo ni ganas de comer, lo cual contribuye a que se sientan malhumoradas y agotadas. Algunas madres deprimidas comen en exceso para aliviar su malestar psicológico y luego se sienten culpables y molestas por el exceso de peso.

Las madres con depresión postparto tienen la sensación de no disponer de tiempo para nada, de no hacer nada bien y de no poder hacer nada para remediarlo. A estas mujeres les resulta realmente difícil establecer nuevas rutinas para poder hacer frente al bebé y a la nueva situación que viven.

La ansiedad suele ser aguda y se puede presentar en forma de temor a quedarse sola con el bebé por miedo a que grite, no quiera comer, se ahogue, se caiga o se haga daño de cualquier otra forma. Algunas madres deprimidas perciben a su bebé como un objeto. En vez de sentir que han dado a luz a la criatura más cariñosa y adorable del mundo se sienten distantes de su hijo, al cual perciben como un pequeño ser misterioso y extraño, cuyos pensamientos son insondables y cuyas necesidades y emociones deben ser en algún modo satisfechas.

No obstante, la depresión postparto puede desarrollarse aún cuando el amor por el recién nacido sea intenso. En estos casos, la madre teme desesperadamente perder a su precioso bebé por no cuidarlo bien, porque no se desarrolle adecuadamente, por una infección o bien teme que muera súbitamente. Un simple resfrío puede causar una gran preocupación. La madre puede obsesionarse con el peso del bebé y alarmarse si llora demasiado, o incluso si pasa mucho tiempo en silencio, llegando a pensar que el bebé dejó de respirar. Es frecuente que la paciente desee ser constantemente tranquilizada por su pareja, su familia, su médico o cualquier otra persona.

La ansiedad también puede hacer que se preocupes por su propia salud. Puede sentir pánico cuando su pulso se acelera o si tiene alguna palpitación, llegando incluso a pensar que tiene algo malo en el corazón. En ocasiones se siente tan debilitada que piensa que tiene alguna enfermedad terrible, y que nunca volverá a tener energía de nuevo. Estas sensaciones extrañas e inusuales le harán pensar que está loca, pero eso no es así.

El temor de quedarse sola con todas estas preocupaciones puede dar lugar a que incluso la mujer más capaz se sienta tan indefensa que no desee que su marido vaya al trabajo.

Pero, ¿no se sienten así todas las mujeres después de tener un hijo? Muchas mujeres, aproximadamente una de cada dos, se sienten un poco tristes, desanimadas e inseguras en el tercer o cuarto día tras el parto. Es la conocida depresión del tercer día, que dura de unas horas a un par de días y que pronto desaparece. Muchas mujeres se sienten cansadas y un poco desorganizadas cuando regresan a casa tras el parto, pero generalmente controlan perfectamente la situación cuando pasa más o menos una semana. Sin embargo, para las madres con una depresión post parto las cosas empeoran día tras día.

La mayoría de los casos de depresión post parto surgen en el primer mes tras el parto, aunque en ocasiones este trastorno puede aparecer 6 meses más tarde.

Aún no se sabe por qué las mujeres desarrollan depresiones post parto, como para estar seguros de quién la desarrollará y quién no. Probablemente no existe una causa única, sino más bien diferentes tipos de estrés que pueden tener la misma consecuencia, o que pueden actuar conjuntamente.

Entre los factores de riesgo podemos considerar:

  • Una historia previa de depresión (especialmente de depresión post parto).
  • Falta de apoyo por parte de la pareja.
  • Un bebé prematuro o con cualquier tipo de enfermedad.
  • El que la mujer hubiera perdido a su madre cuando era niña.
  • Una acumulación de acontecimientos vitales adversos, como el fallecimiento de un ser querido, la pérdida del empleo de la paciente o de su pareja, problemas económicos, problemas de vivienda, entre otros.

Sin embargo, una mujer puede sufrir una depresión post parto sin que se aprecie ninguna razón obvia para la misma.

Es probable que la depresión post parto esté relacionada con los importantes cambios hormonales que tienen lugar en el momento del nacimiento de su hijo. Aunque los niveles de estrógenos, progesterona y otras hormonas relacionadas con la reproducción que pueden afectar a las emociones descienden bruscamente tras el parto, no se han encontrado diferencias entre las hormonas de las madres que desarrollan una depresión post parto y las de las que no. Una posible explicación es que probablemente algunas mujeres puedan ser más sensibles que otras a tales cambios.

Por su parte, no es cierto que las mujeres con depresión post parto maltraten a sus bebés. Se pueden sentir como si lo fueran a hacer y se preocupan mucho por la posibilidad de hacer daño a sus hijos, aunque realmente nunca lo hacen.

Frente a una depresión postparto, lo primero que debe hacer la mujer es acudir a un médico para que pueda diagnosticar el cuadro.

Muchas madres deprimidas no son conscientes de que tienen una enfermedad y se sienten avergonzadas de tener que admitir cómo les ha afectado su reciente maternidad. Algunas pueden llegar a creer que si dicen cómo se sienten realmente, puede que les quiten a su hijo.

En la actualidad existe una mayor concienciación para el reconocimiento y tratamiento de la depresión en general, y la depresión postparto no debe ser una excepción.

Una vez que se sospecha la presencia de este trastorno, hay que animar a la paciente para que exprese cómo se siente realmente tras el parto. Si manifiesta sentirse triste, desgraciada, irritable, incompetente, asustada y desinteresada por el bebé, debe aceptarse con una actitud comprensiva, no con alarma y reproches.

El decirle a la madre que todo lo que le está pasando es consecuencia de que tiene una enfermedad llamada depresión postparto suele ser de gran ayuda, ya que por lo menos sabrá a qué tiene que enfrentarse. Hay que tranquilizarla e intentar convencerla de que ella no es una mala madre, y de que muchas otras mujeres han padecido y padecen la misma enfermedad. La depresión postparto es muy frecuente, y si se realiza un tratamiento, sin duda mejorará. Hay que advertir a la mujer que el tratamiento necesitará su tiempo para hacer efecto, y que será necesario el concertar algunas citas para que reciba el apoyo necesario hasta que se recupere.

En este momento es importante el involucrar a la pareja de forma que él pueda comprender qué es lo que ha estado pasando, no olvidemos que él también ha estado sufriendo las consecuencias de la depresión postparto. Posiblemente él sea quien mejor pueda apoyar a la paciente, aunque también necesitará algo de apoyo para sí mismo, especialmente si es el primer hijo que tiene la pareja y si se ha sentido desplazado tras su llegada. Este es un aspecto realmente importante, ya que si el marido está resentido y no comprende hasta qué punto su esposa necesita de su apoyo y ayuda, podrán surgir más problemas. El marido de la paciente también se sentirá aliviado por el diagnóstico y por recibir consejos sobre cómo actuar. La ayuda práctica con el recién nacido, una actitud comprensiva y afectiva y el ser positivo serán apreciados incluso cuando la depresión desaparezca.

La oportunidad de hablar tranquilamente con un interlocutor simpático, comprensivo y no crítico, que puede ser un amigo, un familiar, un profesional o cualquier otra persona, puede significar una gran ayuda para la paciente.

Los médicos no siempre prescriben tratamiento farmacológico para sus pacientes con trastornos emocionales. Sin embargo, en ocasiones la naturaleza de la depresión es tal, que se hace necesario un tratamiento con fármacos antidepresivos.

Es importante tener en cuenta que estos medicamentos:

  • No son tranquilizantes ni estimulantes.
  • No son adictivos, no crean dependencia.
  • Necesitan dos semanas o más para empezar a hacer efecto.
  • No hacen necesario el suspender la lactancia materna, ya que entre los muchos antidepresivos disponibles, existen algunos que no pasan a la leche materna, y por tanto no afectarán al hijo en absoluto.
  • Necesitan ser mantenidos durante al menos 6 meses tras la depresión para reducir el riesgo de recaída.

A muchas mujeres les parece más atractiva la posibilidad de recibir tratamiento con hormonas en lugar de que sea con antidepresivos, puesto que las consideran más naturales. Sin embargo, las evidencias disponibles sobre su eficacia son cuestionables y, además, no están exentas de efectos secundarios.

La progesterona parece funcionar mejor en supositorios, mientras que los estrógenos se aplican actualmente en forma de parches en la piel. No existe duda de que muchas mujeres creen que el tratamiento hormonal que han recibido les ha beneficiado, pero todavía está por demostrar que éste sea algo más que un placebo, es decir que la curación se produce más por la esperanza puesta en el tratamiento que por el propio tratamiento.

La mayoría de las mujeres suelen mejorar en algún grado al cabo de semanas, meses o incluso uno o dos años. Sin embargo, esto es a costa de un gran sufrimiento injustificado. La depresión postparto hace de la maternidad una mala experiencia y dificulta la relación entre la pareja. De forma que lo mejor es detectar lo antes posible este trastorno para tratarlo precozmente.

  • No intente ser una súper mujer. El tener un hijo es un trabajo que puede exigir dedicación exclusiva, de forma que durante su embarazo intente reducir sus compromisos. Si trabaja, asegúrese de alimentarse de forma suficiente y con regularidad, y ponga los pies en alto durante la hora de la comida.
  • No se cambie de casa mientras esté embarazada, o hasta que su hijo no tenga seis meses.
  • Haga amistades con otras parejas que estén esperando un hijo o que lo hayan tenido recientemente. Entre otras cosas, esto le posibilitará el disponer de alguien que pueda cuidar a su hijo cuando lo precise.
  • Identifique a alguien en quien pueda confiar, es necesario disponer de algún amigo a quien acudir en caso de necesidad.

Si ha sufrido previamente una depresión, esto no significa que vaya a tenerla de nuevo en el siguiente parto. Sin embargo, tras el parto es necesario que se ponga en contacto con su médico para que éste vigile la posible aparición de cualquier signo de recurrencia de la depresión postparto y así comenzar lo antes posible con el tratamiento.

Una vez que el bebé haya nacido:

  • Aproveche cualquier oportunidad para descansar. Aprenda tomar pequeñas siestas. Su pareja podrá encargarse de alimentar al bebé por la noche, utilizando, si lo desea, su propia leche extraída con anterioridad.
  • Aliméntese adecuadamente. Las ensaladas, los vegetales frescos, la fruta, los jugos naturales, la leche y los cereales son alimentos muy adecuados para este momento y que además no necesitan de mucha cocina.
  • Encuentre tiempo para disfrutar con su pareja. Intente conseguir una niñera y salgan juntos a cenar, al cine, a ver unos amigos o tomar una copa.
  • Intente intimar con su pareja, incluso aunque todavía no le apetezca tener relaciones sexuales completas, un beso, un abrazo o una caricia, pueden ser bastante reconfortables hasta que regrese el deseo sexual por completo.
  • No sea muy crítica consigo misma ni con tu pareja. La vida se hace bastante dura en estos momentos y el cansancio y la irritabilidad de ambos puede conducir a discusiones frecuentes, que no harán más que debilitar su relación en unos momentos en que ésta debería ser más fuerte.
  • No tema pedir ayuda cuando la necesite.

Finalmente, a pesar de que la depresión postparto ya esté instaurada cuando se le diagnostique, no desespere, el apoyo, el consejo y la medicación marcarán la diferencia y acelerarán ts recuperación. Nunca es tarde.

 

Sexo después del parto Sexo después del parto

Volver a tener sexo luego del parto, puede resultar difícil para algunas mujeres. El poco interés es normal. Ambos, también deben adaptarse a sus roles de padres.

Es probable que no tengas deseos de hacer el amor durante los primeros días o, incluso, semanas después del parto. El puro agotamiento físico después de dar a luz y las alteraciones drásticas de los niveles hormonales se combinan para reducir el sexo después del parto.

Esta falta inicial de interés en el sexo es natural y también deseable, ya que tu cuerpo necesita recuperarse de los cambios y las tensiones del embarazo y el parto. Además, necesitas tiempo para acostumbrarte al bebé. Habla con tu pareja, seguramente descubrirás que lo comprende y acepta.

La llegada de un niño también puede afectar la libido del hombre. No es infrecuente que un padre nuevo pierda el deseo sexual o, incluso, su capacidad de mantener una erección. Le puede resultar difícil adaptarse a la dualidad –a veces contradictoria- de sus roles de padre y amante.

Será fácil si ambos son conscientes de la existencia del problema y no se le tome como algo personal. La mejor solución es mostrarse abierto al problema y tomarlo con filosofía, hablar de ello con afecto y comprensión. Así evitarán que se convierta en una complicación permanente.

Cuándo volver a empezar

No todas las parejas vuelven a desear hacer el amor al mismo tiempo después del nacimiento de un hijo. Los sentimientos pueden variar de un embarazo a otro. Es posible que una mujer tenga ganas de hacer el amor tres semanas después de un parto o puede darse también el hecho de no sentir deseo alguno por el sexo hasta pasados tres meses o más.

Si ambos lo desean y no existen contraindicaciones médicas, pueden volver a hacer el amor tan pronto como quieran. Es una buena idea por diversas razones. Por una parte, el acto amoroso reafirma el afecto y deseo mutuo, ayuda a fortalecer la relación en unos momentos delicados. Por otra, las hormonas que se liberan durante el acto sexual provocan la contracción del útero, ayudándolo así a recuperar su estado previo al embarazo.

La falta de deseo

La pérdida de tu líbido es natural después de tener un bebé. Hay, sin embargo algunas cosas que pueden afectar tu deseo y disfrute del sexo postnatal. Aparte de las molestias físicas que posiblemente perduren, es bastante común sentirse poco atractiva y, por ello, evitar el sexo. Tu vientre aún prominente te hace sentir poco sexy, por esto debes empezar a hacer algunos ejercicios para recuperar la línea. La actividad física potenciará su autoestima, y los ejercicios del suelo pélvico te ayudarán a reducir la relajación de los tejidos vaginales.

También, es posible tener motivos de ansiedad y de distracción que afecten tu deseo sexual. Quizás te preocupe volver a quedar embarazada o tener que ocuparte nuevamente de la anticoncepción. El propio bebé puede afectar a su capacidad de disfrutar del acto amoroso. Tal vez te sientas más cohibida que antes y menos dispuesta a relajarte, porque estás pendiente del bebé. Puede ocurrir que tus propias respuestas sexuales se pueden centrar en el niño, ya que la oxitocina, la hormona se secreta durante la lactancia, es un estimulante sexual. Mientras das pecho, una mujer puede excitarse hasta llegar al orgasmo.

Volver a disfrutar del sexo

Puede pasar mucho tiempo antes que ambos recuperen el nivel habitual de interés sexual. Quizás necesiten demás caricias y besos antes de conseguir la excitación. Durante las primeras veces de hacer el amor sería mejor evitar la penetración y practicar el sexo oral y mamario, que son más suaves. Dado que la episiotomía puede resultar sorprendentemente doloroso durante el acto sexual (por la falta de lubricación), y pasan meses hasta que deje de doler por completo, sé sincera con tu pareja y hazle saber lo que te pasa. Si él toca la cicatriz, comprenderá más fácilmente cómo se siente y se mostrará compasivo. Ayuda mucho darse un baño caliente antes de hacer el amor y usar un lubricante vaginal hidrosoluble o la saliva, para facilitar la penetración.

Le hayan practicado una episiotomía o no, probablemente necesite algún tipo de lubricante. Hasta que sus niveles hormonales hayan recuperado la normalidad, su vagina no se lubricará tan rápidamente como antes del parto, por muchos juegos preliminares que hagan. Evite los lubricantes no hidrosolubles, como los geles de petróleo, porque impiden la llegada de aire a las paredes vaginales, facilitando así el crecimiento de bacterias dañinas.

Al margen de la postura que adopten, sean pacientes, no hagan demasiado al principio y vuelvan gradualmente a la actividad sexual normal.

 

Puerperio o cuarentena La mujer en el puerperio o cuarentena

Es la etapa en que el cuerpo de la mujer vuelve a su situación normal luego del embarazo. Todo el organismo vuelve a su regularidad, pero también pueden presentarse algunas molestias, como constipación y hemorroides.

El puerperio o cuarentena es el período que inmediatamente sigue al parto, y que se extiende el tiempo necesario (usualmente seis u ocho semanas) para que el cuerpo materno — incluyendo las hormonas y el aparato reproductor femenino — vuelva a las condiciones pre-gestacionales, aminorando las características adquiridas durante el embarazo.

En esta etapa también se incluye el período de las primeras dos horas después del parto, que recibe el nombre de postparto.

Clasificación del puerperio:

  • Puerperio inmediato: Primeras 24 horas.
  • Puerperio mediato: Desde el segundo día hasta el séptimo día.
  • Puerperio tardío: De los siete días hasta los 40 días.

Si los fenómenos se suceden naturalmente y sin alteraciones, el puerperio será normal o fisiológico, en caso contrario será irregular o patológico. Se trata de un periodo de tiempo muy importante, ya que es el momento de aparición de los factores que lideran las causas de mortalidad materna, como las hemorragias posparto, entre otras. Por ello, se acostumbra durante el puerperio tener controlados los parámetros vitales y la pérdida de sangre maternos.

El enfoque principal del cuidado durante el puerperio es asegurar que la madre sea saludable y esté en condiciones de cuidar de su recién nacido, equipada con la información que requiera para la lactancia materna, su salud reproductiva, planificación familiar y los ajustes relacionados a su vida.

Durante este período de transición biológica, el recién nacido pasa a su vez por un estado de adaptación extrauterina, una de las transiciones fisiológicas de mayor repercusión hasta la muerte.

La madre debe ser examinada en busca de lesiones del canal blando del parto y suturada de ser necesario. Es un período en el que es común la constipación y las hemorroides, por lo que se debe prestar atención a los síntomas que sugieran estas condiciones. Asimismo, la vejiga debe ser vigilada para prevenir una infección o detectar retención, y así cualquier otra patología que pueda ocurrir durante el puerperio, como el síndrome de Sheehan.

Durante el embarazo se crea una acumulación de agua en los tejidos, que es eliminada durante las primeras semanas de puerperio. Aumenta la eliminación de orina y sudor, a través de estos procesos se pierden cerca de dos litros y medio de agua.

La pérdida de agua, unida a la expulsión del contenido del útero, a la pérdida de sangre, a la involución del aparato reproductor y a la lactancia, determinan una disminución de peso en la mujer de cerca del 12,5 por ciento.

La frecuencia cardíaca, que había aumentado a causa del cansancio después del parto, vuelve a su estado normal; a veces el pulso incluso se ralentiza, esto recibe el nombre de bradicardia puerperal y tiene que considerarse como una respuesta fisiológica del organismo. Las venas, que se habían debilitado y podían romperse con facilidad, recuperan su estado normal. Todavía serán dolorosos e hinchados los nódulos hemorroidales, que volverán a la normalidad durante la primera semana de puerperio.

La cantidad de hormonas estrógenas vuelve a la normalidad. La progesterona vuelve a los niveles normales después de cinco o seis días, y la gonadotropina coriónica desaparece de la sangre y de la orina después de seis días.

Las glándulas endocrinas vuelven a funcionar dentro de sus valores normales, después de la hiperactividad debida al embarazo. Enseguida después del parto, la hipófisis secreta en notable cantidad prolactina, que estimula la producción de leche.

El volumen del abdomen disminuye y eso facilita los movimientos del diafragma, permitiendo la respiración más amplia y más profunda. El estómago y el intestino pueden padecer una ligera dilatación, con una leve disminución de velocidad de la función digestiva.

El apetito al principio es escaso, mientras que aumenta la sensación de sed. Después, el apetito vuelve a su estado normal, más lento es el retorno de la actividad intestinal a sus niveles normales.

En los primeros días de puerperio, los riñones son sometidos a un notable esfuerzo. La vejiga, que había estado comprimida mucho tiempo y ha padecido una disminución en el tono de su musculatura, aumentará su capacidad, aunque su vaciado será difícil. El estancamiento de orina en la vejiga facilita la instalación de gérmenes, que provocan inflamación en la vejiga (3 por ciento de los casos).

La piel del abdomen queda flácida y propensa a la aparición de pliegues. La hiperpigmentación desaparece rápidamente (línea alba, rostro, genitales exteriores, cicatrices abdominales).

A causa de la sudoración abundante, es posible que se den fenómenos de irritación cutánea.

Después del parto puede aparecer un período de escalofríos, que puede ser intenso y durar algunos minutos, o bien fugaz y aparecer enseguida. La temperatura de la mujer durante el primer día puede elevarse (la axilar alcanza los 38°C). Si la temperatura supera los 38°C o dura más de 24 horas, hay que empezar a considerar eventuales complicaciones patológicas.

Durante el puerperio, las defensas inmunitarias disminuyen. Las mujeres que padezcan alguna enfermedad infecciosa sufren un empeoramiento después del parto.

El orificio del cuello del útero en las mujeres que han dado a luz sufre una modificación definitiva: de ser redondo se transforma en una hendidura dispuesta transversalmente. El fenómeno se debe a las pequeñas laceraciones producidas por el paso del feto. La distensión del ostio vaginal determina la desaparición de toda huella del himen. Sólo quedan pequeños restos carnosos, las llamadas carúnculas mirtiformes.

Los genitales vuelven a un nivel primitivo, el que tenían antes del principio del embarazo.

El útero, que durante la gestación aumentó de tamaño entre 30 y 40 veces, vuelve a sus condiciones normales, por un proceso llamado involución uterina. Al principio del puerperio tiene unos 20 cm de largo, 12 cm de ancho y un espesor de 8-9 cm. El espesor de la pared del cuerpo es de 4-5 cm. Después de pocas horas del parto, el fondo del útero sube al nivel del ombligo, para volver a bajar a su posición normal después de algunos días.

La involución del cuerpo del útero afecta a todos los niveles:

  • El peritoneo se dispone en pliegues que, sucesivamente, desaparecen;
  • La musculatura se reduce considerablemente, gran parte de las fibras musculares formadas a causa del embarazo desaparecen y las restantes vuelven a sus dimensiones normales;
  • También el tejido conectivo vuelve a la normalidad.

Los productos de la destrucción de las fibras musculares se eliminan con la orina, que aumenta su contenido en nitrógeno. La separación de la placenta y las membranas ovulares crean en la cavidad uterina una gran llaga. La cavidad también contiene coágulos de sangre y fragmentos de decidua, que serán eliminados en dos o tres días.

Los productos eliminados durante el puerperio se llaman loquios. En los primeros tres días, los loquios están constituidos por sangre y vernix caseosa (loquios sanguíneos o rojos). En el cuarto y en el quinto día la cavidad del útero es invadida por gérmenes, que determinan un aflujo de leucocitos. En este período los loquios están constituidos por glóbulos blancos y gérmenes (loquios suero-sanguíneos). A finales de la primera semana, la cavidad uterina aparece limpiada por el material necrótico, se inicia así la regeneración del endometrio y los loquios adquieren un aspecto opalescente (loquios serosos). La regeneración se extiende gradualmente. Los loquios disminuyen de intensidad, adquiriendo una textura más densa y un color blanquecino-amarillento (loquios blancos) y desaparecen a la tercera semana de puerperio.

Al término del parto, el cuello uterino no se distingue del cuerpo uterino. Después de un día, el cuello se ha reconstituido, pero el canal se ha dilatado, lo que permite el paso de gérmenes. Sólo después de un mes del parto el canal cervical vuelve a sus dimensiones originales.

El cuerpo lúteo gravídico en los ovarios desaparece. El sistema hormonal vuelve gradualmente a las condiciones que permiten una nueva ovulación.

El período de reanudación de la ovulación y, consecuentemente, de la menstruación, varía notablemente:

  • En la mujer que no amamanta, después de unos 40 días (75 por ciento de los casos)
  • En la mujer que amamanta, experimenta un retraso (amenorrea de la lactancia) variable (25 por ciento de los casos), que puede durar toda la lactancia; raras veces también puede durar más allá del destete, a causa de un hiperinvolución del útero.

La vagina retoma las condiciones normales en unos diez días. Los pliegues de la mucosa disminuyen y las paredes vaginales son más lisas.

Pueden considerarse fenómenos patológicos del puerperio infecciones que se pueden manifestar localmente o en las mamas. Otro carácter patológico posible son las hemorragias, que pueden poner en riesgo la vida de la paciente. Para no tener una excesiva pérdida de ésta, en esta fase es fundamental que el útero esté bien contraído; de este modo los vasos presentes en la zona de inserción placentaria se "comprimen" y se evita, de ésta manera, el derrame de sangre. Después de las primeras dos horas del parto vuelven los mecanismos normales de coagulación que determinan la formación de fibrina en la zona de inserción placentaria, y por este motivo las hemorragias son más raras.

Ciertas patologías afectan al útero, que van ligadas a una atonía muscular o a la inversión completa y topográfica del útero, y pueden ir acompañadas de derrames totales o parciales de líquido; también son posibles las laceraciones del órgano.

Otros problemas ligados al puerperio son la flebitis, la septicemia, la infección vulvo-vaginal, entre otras.

 
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