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celulas madre El cordón umbilical como potencial regenerador de vida

El cordón umbilical es la prueba tangible de la unión existente entre la madre y el bebé. Éste posee propiedades muy importantes que te explicamos a continuación.

En el momento del parto, cuando nace el bebé, cortan la unión más tangible que existe entre la madre y el bebé: el cordón umbilical. Conector de todo el alimento que transmitiste al bebé durante el periodo de gestación, posee propiedades increíbles a través de la sangre que segrega de ésta y además es un potencial regenerador de vida.

La importancia de la sangre del cordón umbilical es que se convierte en una valiosa fuente de células madre, capaz de reconstruir los sistemas sanguíneo e inmunológico, es decir, células de glóbulos rojos (que llevan oxígeno a todas las células del cuerpo), glóbulos blancos (atacan infecciones) y plaquetas (ayudan a la coagulación en caso de una lesión).

“Las células madre son células “totipotenciales”, es decir, pertenecen a un estado de desarrollo embrionario diferente a las células adultas, por lo tanto, tienen la capacidad potencial de transformarse en células adultas de diferentes tejidos u órganos, y esa capacidad potencial, es la que las vuelve de fundamental importancia en la medicina moderna para curar muchas enfermedades a futuro” asegura el doctor Enrique Oyarzún, jefe del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Clínica Pontificia Universidad Católica de Chile.

Y a pesar de que la utilización de células madre de cordón umbilical es un tema reciente, son 20 años los que han pasado desde que se descubrió por primera vez esta técnica. El primer transplante de sangre del cordón umbilical se realizó en Francia en 1988, en un niño con anemia de Fanconi (tipo de anemia que se presenta con focos de hemorragias e infección). Y luego en 1991 se realizó un transplante en un niño con leucemia mielogénica (sus células tumorales son las precursoras de los glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos distintos de los linfocitos). Los dos transplantes fueron exitosos y dieron cabida a la utilización de sangre de cordón umbilical, en lugar de usar transplantes de médula ósea, método que se realizaba antes de estos dos aciertos.

“En la actualidad se sabe que en el cordón umbilical hay células mejores y más útiles, puesto que están en un estado más cercano al primitivo, y hay cierta evidencia de que funcionan” agrega el doctor Oyarzún.

El uso de sangre de cordón umbilical, a diferencia de la utilización de células madre embrionarias, no causa polémica y es aceptada por el Vaticano ya que es un procedimiento indoloro tanto para la madre como para el bebé.

Los beneficios que puede entregar son un tratamiento efectivo frente a la leucemia, osteopetrosis (huesos demasiado denso), anemia aplástica, anemia de Fanconi, melanoma múltiple (cáncer a la piel), neuroblastoma (cáncer en células nerviosas), etc.

Para utilizar las células madre sacadas de la sangre del cordón umbilical, deben ser preservadas en -196º C, asegurando así su vida útil. Y ante cualquier enfermedad que requiera de ellas, éstas podrán ser utilizadas tanto por el niño, como también en sus familiares directos.

En Chile existen dos bancos de células madres. “VidaCel” de carácter privado, llegó al país en 2005 y “Banco de Vida”, de carácter público, iniciado en agosto de 2007 y desarrollado por la Facultad de Medicina de la Universidad Católica y el Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Fundación Genómika.

El servicio que ofrecen los bancos privados es un contrato que incluye la extracción y recolección de la célula, además del almacenamiento y proceso de análisis. La preservación de la sangre de cordón umbilical se paga anualmente, y los costos, en VidaCel, el primer año ascienden a $812 mil, y luego $80 mil anuales.

Una buena opción si no se tienen los recursos para guardar las células de nuestros hijos, es acudir al “Banco de Vida”, el cual recibe la donación y la utilización de la célula, será para cualquier persona que necesite un transplante, de células madre de cordón umbilical. La diferencia está en que esta institución asume los costos de recolección, proceso, análisis y preservación de las células.

El doctor Enrique Oyarzún, es parte del proyecto del primer banco público en Chile. “Normalmente la sangre del cordón umbilical se eliminaba, pero en la actualidad existen madres que deciden donar ésta sangre, la que es aspirada y conservada, y formará parte de el primer banco público de células de cordón umbilical en Chile”.

El especialista agrega que “hoy llevamos un año recolectando muestras de pacientes cuyos partos ocurren en el Hospital Clínico de la Universidad Católica, y en la Clínica San Carlos de Apoquindo, con miras a que en dos o tres años tengamos muestras suficientes, a pesar de que cuando se realice el primer transplante con células conservadas, ya va a verse justificado todo el trabajo y la inversión realizada”.

Las células madres de cordón umbilical pueden ser utilizadas sólo en ciertas enfermedades, la mayoría relacionada al sistema sanguíneo e inmunológico. Pero los bancos privados apuestan a que las células conservadas podrán ser utilizadas, en un futuro, en cualquier tipo de tejido. El doctor Oyarzún acepta que “hoy es fantasía” pensar en esa posibilidad. Pero sí apuesta a que gracias al banco público muchas más personas tendrán la posibilidad de acceder a la cura de enfermedades, remplazando la técnica de extracción de médula ósea. Por lo que frente a estas dos posibilidades usted tiene la última decisión. Lo importante es pensar en el futuro de sus hijos y familia, velando por su cuidado y felicidad.

 

Padre en el parto Presencia del padre en el nacimiento de su hijo

Elegir entre participar o no del parto es una decisión difícil, en especial cuando se ignora todo acerca de esta experiencia. Por eso, Facemamá te da la información que necesitas saber al respecto.

Pasar las últimas horas juntos en casa es más tranquilizador y agradable para los futuros padres, aunque según la profesión es más o menos fácil para él disponer de tiempo, lo que exige cierta organización. Sin embargo, cuando se trata del primer hijo, entre el momento en que la mujer siente las primeras contracciones y el instante de ir a la maternidad, en general pasan varias horas, por eso sería importante la presencia del padre en el nacimiento de su hijo.

Si el hombre está presente, cada uno vive a su manera las últimas horas de espera en casa. Para pasar la espera, se puede revisar que todo esté listo y en orden, para que así la madre evite preocuparse y se sienta tranquila.

Por lo demás, todo depende de la sensibilidad de cada persona. No hay actitudes o gestos obligados en esos momentos; puede ayudarla a relajarse con caricias. Sentados o echados el uno junto al otro, o bien sin contacto físico, si lo que ella está viviendo le impresiona un poco.

La mujer está concentrada en su cuerpo y en el nacimiento que se acerca. No tiene ganas, necesariamente, de recibir atenciones en particular. Cuanto más atenta está a lo que siente, más favorecerá el parto. El simple hecho de tenerlo cerca ya es de por sí reconfortante y le permite prepararse bien para el momento. En cambio, si está angustiada, podrá calmarla con ternura.

En la última visita al médico muchos hombres preguntan en qué momento hay que partir a la clínica. Sin duda, las explicaciones de la matrona ayudarán, pero es la mujer la que el día “D” lo sabrá, ya que lo notará en su cuerpo. Aunque no comprenda cómo lo sabrá, confíe en ella. Los casos de parto durante el trayecto son rarísimos, aunque este temor sigue muy arraigado.

Llegó el momento de tomar la decisión

Estar presente en la sala de partos es una medida que deben tomar los dos. Es posible que ella no desee tu presencia, por pudor, porque teme sentirse menos libre de expresar su dolor, porque le preocupa que más adelante puede parecerle menos deseable o por muchas otras razones. Pero tal vez sea usted quien desee estar allí, lo cual es del todo comprensible.

Lo importante es que cada uno entienda la decisión del otro y la respete. Por el hecho de no estar solos en la sala de partos no dejarán de estar juntos. A algunas mujeres les da mucha fuerza el hecho de saber que su pareja está mentalmente cerca de ella y del bebé que llegará. No necesitan su presencia física.

Aumenta el nerviosismo

El hombre puede vivir un momento muy intenso aunque no asista al nacimiento. Cuando se encuentra en la maternidad, oirá a su mujer, presenciará las idas y venidas del personal que la atiende y estará a la espera. Y cuando la matrona le anuncie que el hijo o hija ya nació, sentirá una emoción igual de intensa. En cierto modo, más que el hecho de asistir al parto, el amor por la mujer y el hecho de pensar en el niño que está apunto de venir al mundo es lo esencial.

Cada cual vive este momento a su manera, lo importante es compartir este deseo. No obstante, si continúas ejercitando tus actividades profesionales, puedes sentirte un poco perturbado cuando llegue el bebé. No olvides que durante el parto tú también eres un padre que está “naciendo”, y lo vives celebrándolo, hablando, sin hacer nada especial o estando junto a ella.

“Asistir al parto” engloba distintas formas de acompañar. Puede estar junto a la pareja durante toda la fase de contracciones y dilatación del cuello del útero, que dura varias horas y se desarrolla en la sala de dilatación. Y puede optar por no acompañarla después en la sala de partos. O si prefiere, puede estar con ella al principio y al final y asistir también a la última fase del nacimiento, que dura alrededor de media hora; de este modo verá cómo nace el bebé.

En todos los casos, es libre de entrar y salir de la sala de partos cuando lo desee. Algunos hombres deciden participar, pero una vez dentro de la sala se sienten incómodos y prefieren esperar afuera. Estas idas y venidas se permiten libremente. Es mejor salir que quedarse y sentirse violento. Por otra parte, nadie puede estar totalmente disponible por doce horas, tiempo promedio que suele durar un parto.

Ya viene el bebé

Lo más difícil del parto es ver que la pareja está sufriendo y no poder hacer nada. Aunque hay que tener en cuenta que sufrir no es la palabra exacta. Las muecas, los gemidos y los gritos de una mujer que está dando a luz no siempre expresan un dolor intenso, sino que también son una manera de exteriorizar, lo cual ayuda a hacer el esfuerzo necesario y que todo vaya mejor.

Es cierto que la mujer siente dolor, pero está más allá de ese dolor, ya que está concentrada en el avance del nacimiento del bebé. Los gritos y gemidos no son sistemáticos y cada mujer reacciona a su manera. Por lo general, el comportamiento en la sala de partos escapa a las reglas “habituales” de cortesía, y ésta desaparece cuando el niño está apunto de nacer. Cuando una mujer empuja para ayudar al bebé a venir al mundo, se trata de la vida en estado puro. La fuerza de la mujer y la energía de la pareja sorprenderán y se sentirá orgulloso de ella. También estás trastornado, no te encuentras en tu estado normal, tanto si lo demuestras o no.

Respecto al lugar en el que debe ponerse el hombre, podemos señalar que lo óptimo es que lo haga a un lado o detrás de su pareja. Cuando el bebé empieza a salir, a veces los médicos sugieren al padre, si así lo desea, que se ubique adelante para presenciar cómo sale su hijo, pero algunas mujeres temen que su compañero las desee menos en el futuro si las ve en esa circunstancia. Si a tu mujer le incomoda es mejor evitarlo. Además las más púdicas pueden pedir que les coloquen una tela sobre el vientre en el momento en que sale el bebé. Es importante que hablen de esta situación con anterioridad.

Asimismo, debe saber admitir los propios límites. Presenciar un parto de frente es más impresionante de lo que imagina. Si permanece al lado de la mujer también verá cómo sale la cabeza del bebé y después el resto del cuerpo. Esta situación es menos agresiva y más reconfortante para la madre, quien se sentirá respaldada en el aspecto anímico. Estará junto a la pareja y podrá calmarla y animarla hablándole al oído. Estará junto a ella y mirará en la misma dirección.

No hay reglas estrictas sobre la conducta que se debe mostrar durante un parto. La simple presencia es un consuelo. Aunque en ciertos gestos tranquilizadores la ayude a relajarse, no olvide que no debe reemplazar a la matrona. Habrá un momento en que estarán solos en la sala de dilatación, sobre todo durante las primeras horas. Pero si surge el menor problema, es preciso hacerse un lado. En ningún caso está ahí para ayudar al parto. Ofrezca apoyo a la mujer que ama y observe cómo nace su hijo. Eso es más que suficiente.

 
 
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