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Etapas del Parto
Primera Etapa
Segunda Etapa
Dar a luz
Tercera Etapa
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Etapas del parto Etapas: Desde el trabajo de parto hasta el nacimiento del bebé

Hasta que finalmente llegó el momento tan esperado, el nacimiento del bebé. Aqui te contamos de las etapas que vivirás durante el proceso del parto.

Los meses de espera del nacimiento del bebé llegan a su etapa de término una vez que comienza el trabajo de parto. La primera etapa comienza cuando las contracciones producen la dilatación y adelgazamiento del cérvix, y finaliza cuando estas se acaban. En este momento la matrona debe confirmar la dilatación completa del cuello del útero.

No es fácil determinar el inicio del proceso, ya que es muy distinto de una mujer a otra. Algunos de los síntomas clásicos: contracciones, dilatación, debilitamiento del cuello del útero y la rotura de las membranas, significan el comienzo del parto.

Cuando el parto comienza cambian las contracciones. Se vuelven cada vez más rítmicas, más dolorosas y se producen a intervalos más regulares. Las contracciones a estas alturas ya no se pueden controlar y una vez que empiezan no terminarán hasta el nacimiento del bebé.

Al principio del parto, las contracciones durarán entre treinta y sesenta segundos y vendrán a intervalos de entre cinco y veinte minutos. Esto varía en cada mujer, ya que hay algunas que no se dan cuenta de éstas hasta que son muy constantes, es decir cada cinco minutos aproximadamente. Durante la fase activa las contracciones duran entre sesenta y noventa segundos y se producen a intervalos de dos a cuatro minutos.

Cuando los músculos uterinos se constriñen, sentirá algo parecido a los calambres menstruales apretando el bajo vientre como un banda estrecha. Esto ocurre porque le falta oxígeno al músculo uterino, por culpa de la compresión de los vasos sanguíneos. El músculo uterino es enorme, por eso necesita de mucha energía durante las contracciones.

Cada mujer percibe los dolores de las contracciones de maneras muy distintas, durante la etapa inicial del parto podrían parecerse a los calambres menstruales o a un leve dolor de espalda. Muchas mujeres manifiestan un intenso y persistente dolor de espalda. En ocasiones, una contracción es un malestar que cruza el abdomen y alcanza su punto culminante durante unos segundos antes de empezar a disminuir.

Se puede sentir el endurecimiento y encogimiento del músculo uterino, con una fuerte intensidad durante algunos segundos, antes de que el órgano se suelte nuevamente.

Es erróneo pensar que las contracciones serán cada vez más largas e intensas. Las contracciones pueden variar, es normal que una sea intensa y la otra más débil y que no duren lo mismo que la anterior.

El cuello del útero es un canal de paredes gruesas, de algunos centímetros de longitud, cerrado con firmeza. Es probable que en las últimas semanas del embarazo las hormonas no suavicen, pero son necesarias las contracciones de la etapa inicial del parto para dilatarlo y debilitarlo. La dilatación se mide en centímetros de uno a diez.

El cérvix (cuello del útero) se dilatará sólo unos cuatro centímetros en la fase latente, llegando a ocho en la fase activa. El dolor va aumentando a medida que se va dilatando por completo durante la transición. Finalmente el cérvix se abre completamente y forma un cuerpo con el útero para permitir el paso del bebé.

Las membranas del saco amniótico pueden romperse sin dolor durante el parto. Es probable que esta rotura se realice durante la etapa final del parto. El líquido sale de manera muy lenta o a chorro, y el flujo depende del tamaño y la localización de la rotura, y de si la cabeza del bebé está o no obstruyendo el orificio.

Normalmente si las membranas se rompen espontáneamente cerca de la fecha prevista para el parto, este sigue al poco tiempo. En otras ocasiones se retrasa el feto si no está encajado o si no viene con presentación anormal. También habrá retrasos en los casos normales, en este caso le aconsejarán un parto inducido.


DURACION DEL PARTO:

1.- La primera etapa

Varía enormemente entre cada mujer, pero sí podemos establecer que para las primerizas puede durar entre doce y catorce horas, y unas siete para los hijos que vendrán en el futuro. Si en el caso del primer hijo el parto dura más de doce horas, o más de nueve en los próximos embarazos el médico querrá averiguar a qué se debe este problema y puede que intervenga antes de tiempo.

La primera parte del parto puede dividirse en tres fases diferenciadas.

  • Fase latente: es la más larga ya que dura ocho horas para las primerizas. Sentirá las contracciones con frecuencia e intensidad, cada vez más fuertes, aunque no serán demasiado dolorosas. Debe procurar ahorrar energía durante este periodo, ya que el cuerpo se está preparando para las fases siguientes que serán mucho más exigentes.
  • Fase activa: será más corta. Durará entre tres y cinco horas y en esta etapa las contracciones se harán más dolorosas.
  • Fase de transición: es la más corta e intensa de todas, dura una hora aproximadamente y precede al momento del nacimiento. Esta es la más intensa de la primera etapa. Las contracciones duran entre sesenta y noventa segundos. A medida que cobran fuerza resultará más difícil relajarse, por eso sentirá mayor incomodidad. Podría sentir un fuerte impulso a empujar, aunque no debería hacerlo hasta que se haya dilatado por completo. El dolor le producirá malhumor, pero es algo natural, no debe creer que ha fracasado si no tiene fuerzas recuerde que muy pronto llegará su bebé.
  • Falsas alarmas: en el primer embarazo puede ser difícil distinguir el parto falso del verdadero. Los falsos síntomas del parto no son más que un ensayo, no se debe desesperar, esto significa que no falta mucho para el parto de verdad y que queda poco tiempo de espera.
Hay algunas diferencias entre las contracciones de un parto falso y de uno auténtico. A continuación entregamos algunos datos que debes considerar.
  • Regularidad: las contracciones falsas nunca tienen el mismo ritmo ni frecuencia.
  • Frecuencia: cuando son falsas son esporádicas. Pueden venir cada diez, quince o veinte minutos sin establecer una pausa estable entre ellas.
  • El efecto del movimiento: las contracciones falsas son débiles o se detienen por completo si la mujer se levanta y empieza a moverse. Las verdaderas contracciones se intensifican con el movimiento.
  • Intensidad: las contracciones falsas mantienen la misma intensidad durante el tiempo, al contrario de las verdaderas que a medida que el tiempo pasa se van haciendo cada vez más fuertes. Las falsas pueden debilitarse y desaparecer por completo.

Algunas mujeres cuando se fatigan o alteran demasiado, pueden llegar a experimentar falsas contracciones intermitentes durante varios días antes del parto de verdad. Es importante hablar de las contracciones falsas con la matrona o médico obstetra, también puede ir hasta el hospital si lo prefiere, para así estar más tranquila. Si está en casa, se debe estar en movimiento y en posición erguida para así facilitar el proceso de parto.

Durante la primera etapa del parto el cuello del útero estará duro, para luego debilitarse, abrirse y así dejar el paso de la cabeza del bebé.


2.- La segunda etapa

El gran acontecimiento de los nueve meses de espera es el alumbramiento. Las expectativas son realistas: un parto soportable, no necesariamente indoloro aunque sí lleno de dicha, relajado, con la pareja y de gente que conoce, es un entorno totalmente familiar. Lo mejor para sentirse cómoda y relajada es estar con gente que conoces.

Aquí ocurre la etapa de la expulsión en el parto, momento en que la mujer empuja para que nazca el bebé. Ahora el cérvix se encuentra totalmente dilatado y termina con el nacimiento del bebé, proceso que por lo general dura dos horas. La duración aproximada de esta etapa es de una hora, tiempo que podría reducirse hasta los quince o veinte minutos para los siguientes niños en caso de los partos múltiples. En este periodo las contracciones durante de sesenta a noventa segundos y vienen a intervalos de dos a cuatro minutos.

Seguramente sentirá el deseo de empujar, lo que se conoce como esfuerzo de expulsión. El impulso se debe a la presión que ejerce el feto sobre la base de la pelvis y el recto y es algo totalmente involuntario. Debe intentar que los empujes sean sostenidos y continuos. Procure que el esfuerzo muscular sea estable y lento, para que los tejidos vaginales perineales tengan tiempo para estirarse y permitir el paso de la cabeza del bebé. La posición ideal para empujar es la erguida. Esté en una mesa de parto, de pie y con los brazos alrededor del cuello de su pareja o arrodillada. De esta manera, la fuerza muscular descendente de su cuerpo colabora con la fuerza de la gravedad para expulsar al bebé.

Si se acuesta de espaldas, aunque esté apoyada en almohadas, estará empujando hacia arriba, contra la fuerza de gravedad. Es un trabajo mucho más duro que hace más lento el proceso.

Mientras empuja es conveniente que la base de la pelvis y el área anal estén relajadas, así que debe hacer un esfuerzo por relajar esta parte de su cuerpo. No debe avergonzarse si se orina o si defeca un poco, esto le ocurre a muchas mujeres y el equipo que la atiende ya ha visto todo. Concluido el empuje, respira un par de veces lentamente y en profundidad pero no te relajes profundamente luego de una contracción. Si te relajas poco a poco el bebé seguirá en su avance descendente. Si los médicos estiman que la segunda etapa tarda demasiado, puede que le sugieran el empleo fórceps para ayudarla a dar a luz.

La primera señal de que muy pronto llegará el bebé es la inflamación del ano y el perineo. En cada contracción, la cabeza del bebé asoma más por el orificio vaginal, hasta que ya no retrocede entre las contracciones, esto se conoce como coronación.

Cuando el bebé comience a estirar los tejidos del orificio vaginal, probablemente experimente ardor o molestias. Cuando las sienta debe intentar empujar, jadee y permita que las contracciones del útero empujen hacia fuera. Puede que le resulte difícil ya que todavía sentirá el impulso de empujar, pero si sigue haciéndolo corre mayor riesgo de sufrir un desgarramiento y una posible episiotomía.

Una vez que haya dejado de pujar, recuéstese e intente relajarse por completo, haga un esfuerzo por distender los músculos del suelo perineal. La sensación de ardor es seguida por una de adormecimiento cuando la cabeza del bebé estira tanto los tejidos vaginales que los nervios quedan bloqueados logrando un efecto anestésico natural. Si el equipo médico considera que puede sufrir un desgarro grave le sugerirán una episiotomía.

Cuando el bebé salga estará mirando hacia abajo, pero de inmediato se dará vuelta para mirar uno de sus muslos. La matrona en seguida deberá limpiarle los ojos, nariz y boca del bebé, además de quitar los restos de líquido de su nariz y vías respiratorias superiores. También deberá fijarse que el cordón umbilical no venga enrollado en el cuello del bebé. En caso de que así sea deberá pasarlo por encima de su cabeza formando un aro a través del cual podrá pasar el cuerpo del bebé. En caso de que el cordón apriete mucho, se le aplicará un torniquete y se cortará.

Una vez que haya salido la cabeza del bebé, las contracciones se detendrán por un par de minutos. Cuando vuelvan a empezar, la primera sacará un hombro y la que sigue el otro. Después el resto del cuerpo se deslizará con rapidez y facilidad.

En las clases prenatales enseñarán ejercicios respiratorios. La respiración es muy importante durante la segunda etapa, pueden hacerle sentir el control de su propio cuerpo, sensación que le dará mucha fuerza.

En esta segunda etapa puede que quiera acelerar el ritmo de respiración, es menos profunda que la que utilizará durante el parto. En lugar de usar el tórax y el cuello, procure respirar por la boca. Aspire y espire a través de los labios, empezando con lentitud y aumentando de a poco el ritmo. No respire en profundidad porque acabaría hiperventilando. En caso de sentir mareo, por muy ligero que sea, debe taparse suavemente la nariz y la boca con la mano mientras respira.

¿Qué hace el bebé?

Cuando comienza a bajar por el conducto vaginal su cuerpo se gira y retuerce varias veces, estos movimientos están destinados a facilitar un nacimiento suave y seguro.

El cuerpo del bebé es elástico y posee una cabeza bastante dura y ovalada. Ambas partes deben adaptarse a su paso por la curva del conducto vaginal inferior, el cual se compone de la parte inferior del útero dentro de la pelvis, del cérvix dilatado y de la vagina estirada.

El bebé realiza varios ajustes de posición al avanzar el parto:

  • Mientras desciende por la pelvis, apoya el mentón en el tórax.
  • Gira la cabeza.
  • Pone la cabeza hacia atrás, para que la nuca toque la espalda en el momento de asomar por el orificio vaginal.
  • Gira un poco hacia ambos lados, de modo que los hombros puedan salir por el orificio vaginal.
  • El torso, nalgas y las piernas siguen a la cabeza y salen del conducto vaginal.

Dar a luz

El paso del bebé por el conducto vaginal requiere aproximadamente de una hora. Probablemente se sentirá arrastrada por un impulso fundamental y poderoso de hacer fuerzas y querer expulsar al feto del útero. La anestesia epidural muchas veces hace disminuir este efecto.

  • El impulso de pujar es irresistible y abrumador.
  • Los asistentes del parto estarán en todo momento para apoyarla y dar ánimo. Son quienes están preparados para atenderte de inmediato en caso de alguna complicación.

Empujar

Mientras cada contracción se intensifica hasta alcanzar su punto más álgido, experimentará deseos de hacer fuerza para que salga el bebé. Este empuje no depende de su decisión sino de tu reacción instintiva que no se puede resistir.

La coronación

Llega un momento del parto, en que la cabeza del bebé ya no retrocede hacia el interior de tu cuerpo entre cada contracción, sino que permanece visiblemente en la salida vaginal. Este momento es denominado como coronación, sentirá dolor y ardor cuando la cabeza del bebé estire al máximo los tejidos vaginales. Lo mejor será dejar de empujar en este momento para que así el perineo tenga la oportunidad de estirarse. Es probable que cueste contener las ganas de pujar, pero debe resistir lo que más pueda.

Si sigue empujando, se forzará demasiado el área perineal y será más probable que sufra de un desgarramiento y que necesite de una episiotomía. El mejor método para controlar este deseo es respirar entrecortado.

Se asoma la cabeza del bebé

Cuando salga la cabeza del bebé de inmediato éste se girará hacia un lado. Es probable que en ese instante las contracciones disminuyan por un momento, los asistentes palparán el cuello del bebé para cerciorarse de que no está rodeado por el cordón umbilical. Si es el caso lo pasarán por encima de la cabeza del bebé formando un aro para que pueda pasar el resto del cuerpo.

Con un par de encogimientos de hombros casi imperceptibles los hombros del bebé saldrán por el conducto vaginal y el cuerpo entero del bebé se deslizará hacia fuera donde será recibido por los médicos.

Después de salir la cabeza, el bebé se gira hacia uno de los muslos de la madre.

El nacimiento del bebé

En cuanto salgan los hombros del bebé el resto del cuerpo saldrá de inmediato. Cuando el bebé sale de la vagina, arrastra con el una gran cantidad de líquido amniótico. Los asistentes lo sostendrán en sus manos con mucho cuidado porque estará muy resbaladizo, es posible que ya respire y con ello caiga en llanto.

La primera caricia

Si todo sale como es esperado le entregarán a los pocos minutos a su bebé para que pueda tenerlo entre sus brazos, puede que inmediatamente comience a chupar.


3.- Tercera etapa

Luego del nacimiento del bebé el útero descansa durante unos quince minutos, tras esto se seguirán produciendo contracciones, con el objetivo de expulsar la placenta. Esta es la tercera etapa del parto, comparada con las otras, es indolora.

Aquí la placenta se desprenderá de la pared uterina y saldrá por el conducto vaginal. Los grandes vasos sanguíneos que la comunicaban con el útero quedan desgarrados. A pesar de esto pocas veces se producen hemorragias, ya que las fibras del útero están entrecruzadas, así que cuando se contrae el útero, los músculos aprietan los vasos sanguíneos e impiden la hemorragia. Por esto es muy necesario que el útero se contraiga hasta formar una pelota más dura después de la expulsión de la placenta. La realización de masajes periódicos durante los siguientes sesenta minutos al término de la tercera etapa ayudará a mantener el útero contraído. Esta etapa dura entre diez y veinte minutos.

Expulsión de la placenta

Normalmente la matrona no intentará sacar la placenta hasta que haya señales claras de su desprendimiento de la pared uterina y su descenso hacia la vagina. Las señales de las que estarán pendientes los asistentes del parto son las contracciones, que vuelven a empezar minutos después del nacimiento del bebé y que demuestran la proximidad del desprendimiento de la placenta, y con ello vendrá su necesidad de empujar nuevamente. Esto también indica que la placenta se ha separado de la pared uterina y presiona la base de la pelvis.

Cuando aparecen estas señales, la matrona la ayudará a expulsar la placenta tirando suavemente el cordón umbilical, al mismo tiempo que presiona por encima del borde de la pelvis para controlar el descenso. La placenta es expulsada a través del conducto vaginal, seguida por la membranas, en pocas ocasiones les siguen coágulos de sangre.

La salida

La placenta atraviesa la vulva de dos maneras distintas. O sale primero el centro de la placenta arrastrando detrás las membranas o aparece primero el borde de la placenta que acaba deslizándose de costado a través de la vulva. La mayoría de las mujeres piden ver la placenta, un órgano asombroso y el sistema que mantuvo a su hijo con vida durante nueve meses.

Una vez expulsada la placenta, el equipo médico la examinará atentamente para cerciorar que está entera y que no quedan restos en el útero. Si queda placenta en el útero, puede causarle hemorragias más adelante, de modo que es importante su rápida extracción. En caso de haber dudas, se realiza una ecografía para comprobar que el útero está completamente vacío. Las membranas deberían formar una bolsa perfecta, con excepción del orificio por donde pasó el bebé.

La matrona, además examinará el extremo seccionado con el cordón umbilical, para asegurarse que los vasos sanguíneos son normales. Luego de la expulsión de la placenta examinarán con atención el área de la vulva en busca de desgarramientos que deberán suturar inmediatamente.

Desde que se inició el empleo de ergometrina en 1935, los médicos y las matronas pueden ejercer un control más activo de la tercera etapa del parto. La ergometrina reduce la hemorragia excesiva, que se define como la pérdida de más de quinientos milímetros de sangre.

La ergometrina produce la contracción prolongada del útero, sin periodo de relajación. Mientras el útero esté contraído, no es probable que haya hemorragias. Una vez iniciadas las contracciones, la placenta se separa rápidamente de las paredes uterinas, acortando, de este modo la duración de la tercera etapa del parto.

La sintometrina actualmente la mayoría de las matronas utilizan una mezcla de ergometrina y sintocinona; sintometrina.

La ergometrina sola tarda en hacer efecto y puede producir nauseas pero con la sintocinona, actúa rápidamente para estimular las contracciones del útero.

La sintometrina se administra con una inyección en el momento de la coronación o tras la salida del primer hombro del bebé. La mayoría de los hospitales la emplean para reducir el riesgo de hemorragias posparto. El cuerpo de la madre produce de manera natural la oxitocina hormona que se produce cuando ve a su hijo y lo apoya en su pecho. Ésta cumple la función de la sintometrina, aunque es menos fiable.

¿Cómo es la placenta?

La mayoría de las madres primerizas quieren ver la placenta de su bebé. La placenta mide unos veinte o veinticinco centímetros de diámetro y pesa medio kilo aproximadamente. Tiene forma de disco y sus superficies varían mucho entre sí.

La superficie del lado del feto forma un continuo con la pared del útero y está cubierto por membranas. Es plana y lisa, con vasos sanguíneos que irradian desde el cordón umbilical. Su lado de la placenta estaba incrustado en la pared del útero y se compone de pliegues, los cotiledones, que cumplen la función de aumentar la superficie destinada al intercambio de gases. Este lado de la placenta es rojo oscuro y tiene aspecto de varios trozos de hígados unidos en una pieza.

La superficie de la placenta que tocaba al feto es plana y lisa. El cordón umbilical sale del centro y está cubierta de vasos sanguíneos prominentes.

La hemorragia post parto

No es frecuente, ya que el útero tiene su propio dispositivo para protegerse de la pérdida de sangre.

Una vez que el útero está completamente vacío, éste se contrae hasta reducirse al tamaño de una pelota de tenis. La contracción de los músculos uterinos aprieta las arterias locales que ya no pueden sangrar. Lo normal es sangrar poco después del parto, y la poca sangre que aparece lo hace en forma de loquio, habitual descarga vaginal después del parto.

El loquio es rojo durante los primeros dos o tres días, luego se torna pardo y desaparece luego de un par de semanas.

Si queda placenta dentro del útero habrá hemorragia posparto. Por eso examinan la placenta tras su expulsión, para poder extraer las partes que hayan podido quedar en el útero. Tras administrarle a la mujer anestesia general o regional, retiran suavemente los restos de placenta tirando de ella desde el interior.

Si se produce hemorragia veinticuatro horas después del parto, aparecerá el loquio de color rojo brillante. Eso ocurre si se mueve mucho, su médico probablemente le recomendará descansar mucho los días siguientes. Si la hemorragia se reanuda o empeora podría indicar una infección o la retención de un pequeño trozo de placenta, póngase en contacto con su médico inmediatamente.

En caso de que aparezcan coágulos de sangre llame a la ambulancia para que la trasladen a un centro de urgencias lo más rápido posible.

 


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