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Jueves, 13 de Agosto de 2009

Mitos y verdades sobre la lactancia materna

 

Lactancia

 
En pleno siglo XXI, aún persisten muchos mitos en torno a la maternidad. Entre éstos, los que más suelen preocupar a las madres primerizas son aquellos que tienen que ver con la lactancia.


¿Influye lo que se come en el sabor de la leche? ¿Tener un hijo por cesárea hace más difícil amamantar? Estas dos interrogantes son sólo algunos ejemplos de las preguntas que se hacen las madres sobre el amamantamiento. La matrona Sandra Iriarte, docente de docente de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad Mayor, responde aquí las dudas más comunes de las madres primerizas y aclara varios mitos sobre la lactancia.

Para aclarar estas dudas y en el marco de la Semana de la Lactancia, la matrona Sandra Iriarte –docente  de la escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad Mayor- describe los mitos y verdades más comunes en torno a la lactancia materna.

Mito 1: Hay mujeres que no producen suficiente leche o que producen leche de mala calidad.

Todas las madres tienen la capacidad de producir suficiente leche y esta producción tiene relación directa con el estímulo de succión en el pezón y la areola, lo que genera la liberación de hormonas incrementándose la producción de leche. Si existe este estímulo de manera adecuada y en la frecuencia correcta, se garantiza una buena producción de leche. En relación con la calidad, no existe leche de mala calidad, ya que su composición está determinada fisiológicamente, independiente de su color o textura, la que sufre variaciones en el tiempo y entre cada mujer

Mito 2: Medicamentos, alcohol y elementos tóxicos del cigarrillo se traspasan a través de la leche al bebé.

“Es correcto. El alcohol, drogas y nicotina pasan a través de la leche materna, por lo tanto, el recién nacido está expuesto al daño que producen estas sustancias. En cuanto a los medicamentos, todos ellos se traspasan a través de la leche”, sentencia la doctora Iriarte.

Mito 3: Al comer ciertos alimentos, como el ajo o condimentos, se altera el sabor a la leche.

Ciertos sabores son más fuertes y podrían alterar levemente el sabor de la leche, pero no al punto de generar un rechazo del niño al amamantamiento
 
 


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