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Fuente: larepublica.com.uy   
Martes, 05 de Abril de 2011

Amamantar: más leche, más cerebro


Amamantar por más tiempo podría ser clave para unos cerebros más grandes. Investigadores señalan que la relación se aplica a los mamíferos, lo que ofrece más respaldo para la práctica en los humanos.

Los períodos más largos de embarazo y lactancia materna en los mamíferos se relacionan con un mayor crecimiento del cerebro en los hijos, lo que explica por qué los bebés humanos siguen siendo dependientes de sus madres durante tanto tiempo, afirman investigadores. También dijeron que los hallazgos de su estudio de humanos y 127 especies más de mamíferos ofrecen más pruebas de que la lactancia es buena para el desarrollo del cerebro y respaldan la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de que los bebés deben alimentarse exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida, seguido por lactancia continuada (junto a otros alimentos) hasta la edad de dos años o más.

Los investigadores de la Universidad de Durham y del Reino Unido encontraron que el tamaño del cerebro en relación con el cuerpo se relacionaba más intensamente con la inversión materna, es decir, el tiempo que una madre pasa embarazada y el período en que amamanta a sus hijos. La duración del embarazo determina el tamaño del cerebro de la descendencia al nacer y el tiempo que se pasa en lactancia afecta el crecimiento del cerebro tras el nacimiento.

Por ejemplo, los humanos tienen embarazos de nueve meses y amamantan a sus bebés hasta tres años. Esto es necesario para apoyar el crecimiento del cerebro, que tiene un volumen promedio de 1.300 centímetros cúbicos (cc) en los adultos.

"Ya sabemos que las especies de cerebro grande se desarrollan con más lentitud, maduran más tarde y viven más, pero lo que no siempre ha sido claro es por qué los cerebros y la historia vital se relacionan", señaló en un comunicado de prensa de la universidad el investigador líder y profesor de antropología Robert Barton. "Una teoría es que los cerebros más grandes aumentan la duración de la vida al hacer que el animal sea generalmente más flexible en sus respuestas conductuales a desafíos impredecibles, lo que permite historias vitales más lentas".

“Los beneficios necesarios para compensar estos costos podrían llegar de otras formas, como mejorar capacidades perceptivas y cognitivas específicas, en lugar de a través de alguna flexibilidad generalizada", explicó.

Fuente: larepublica.com.uy

 


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