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Lunes, 20 de Octubre de 2008
Madres no mandarían a sus hijos al jardín
Un estudio de la U. de Chile, entre 600 mujeres, reveló que y creencias culturales que limitan el ingreso de los niños a los jardines y salas cuna: especialmente en los sectores de menores recursos existe la concepción de que los niños están mejor al cuidado de su madre.
la principal razón dada por las 600 mujeres encuestadas cuando se les preguntó por qué no enviarían a sus hijos al jardín.  Fue un estudio realizado por el programa Pulso, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, el que dio cuenta de que, a pesar de los esfuerzos del Mineduc por crear más salas cuna, es en muchos casos el desconocimiento del aporte de la educación temprana, unido a los miedos de las familias, el que impide un mayor ingreso de los niños al sistema.
Según los resultados de la investigación, el 38% de las mujeres no ha enviado ni mandará a sus hijos a jardines infantiles. Y sólo un cuarto de las encuestadas los envía.
Entre las que no envían a sus hijos al jardín, seis de cada diez lo hace porque cree que el cuidado materno es el más importante, mientras que otro 22% desconfía de las instituciones que cuidarán a sus hijos. "Ello revela una determinada concepción de la maternidad: una madre es valorada porque está siempre presente. Por ello, se construyen prejuicios sobre las instituciones", explica Dimas Santibáñez, director del Programa Pulso y de la investigación.
Estas desconfianzas recaen en los tres quintiles más bajos, mientras que en los sectores más altos está claro el aporte de la educación preescolar.
BENEFICIOS A LARGO PLAZO
El impacto de la educación prebásica es clave para el éxito educacional futuro. Por ejemplo, en Chile, una investigación liderada por Dante Contreras, de la U. de Chile y del PNUD, encontró que los alumnos que fueron al jardín infantil lograron hasta 8,8 puntos más en el Simce de matemáticas que quienes no accedieron a él.
"Mientras más temprano asista el niño a un entorno educativo más opciones tendrá de desarrollar su mente y espíritu", explica Verónica Romo, directora de Educación Parvularia de la U. Central.
A ello se agregan beneficios como tener más autonomía, reforzar los lazos afectivos y estimular el desarrollo del lenguaje y cognitivo. "En los jardines se enseña a los niños y se estimula su desarrollo y a las familias se les enseñan hábitos de vida saludable", agrega Jorge Álvarez, director de Planificación de la Junta Nacional de Jardines Infantiles, Junji.
NO ES UN PROBLEMA DE CALIDAD
Que las madres no quieran que sus hijos asistan a instituciones educacionales a tan corta edad no se debe precisamente a un problema de calidad, sino a un miedo instaurado culturalmente en las familias. Están, por ejemplo, los riesgos que deben enfrentar los niños con la lejanía de los jardines, el contagio de enfermedades o el trato de las parvularias.
"El miedo se funda en el desconocimiento de los reales aportes de la educación preescolar en el desarrollo  de los niños. Cuando las madres conocen y entran en contacto con las instituciones el temor se pierde", agrega Santibáñez.
Percepción que queda clara a la hora de encuestar a las madres que sí envían a sus hijos a las salas cuna. Un estudio del Mideplan en el marco de la implementación de salas cuna del programa Chile Crece Contigo así lo constató: El 89% de las mujeres declaró que la vida se le ha hecho más fácil y el 91% considera que su hijo está aprendiendo cosas que en la casa no sabría.

 


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