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Fuente: Cecilia Coddou / Facultad de Medicina U. de Chile   
Lunes, 21 de Junio de 2010

Mortalidad materna baja en Chile gracias a la educación


 

El caso chileno demuestra que las políticas públicas que mejoran la educación de la mujer y promueven el embarazo seguro pueden reducir la mortalidad materna sin tener que lidiar con la legalización el aborto inducido.

El caso chileno demuestra que las políticas públicas que mejoran la educación de la mujer y promueven el embarazo seguro pueden reducir la mortalidad materna sin tener que lidiar con la legalización el aborto inducido.

En 1960 morían 870 mujeres durante el embarazo o parto en Chile, 275 de las cuales lo hacía por complicaciones relacionadas con el aborto. En cambio, estadísticas actuales muestran que durante esta etapa fallecen 44 mujeres y sólo dos lo hacen por alguna dificultad vinculada con la interrupción del embarazo.


"Si consideramos que entre 1931 y 1988 existió en Chile aborto terapéutico, el cual fue prohibido a partir de 1989, y comparamos ambos periodos, vemos que su estatus legal no produjo ningún impacto en la tendencia a la reducción de la mortalidad materna", explica el doctor Elard Koch, epidemiólogo y académico del Departamento de Atención Primaria y Salud Familiar de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.

El experto agrega, además, que después que el aborto terapéutico fuera prohibido, la mortalidad materna y por aborto bajaron adicionalmente: de 41,3 a 18,2 (-44,1%) y 16,5 a 1,7 (-10.3%) por 100.000 nacidos vivos, respectivamente.


El Dr. Koch y su equipo están realizando una investigación acerca de la mortalidad materna y fallecimiento por aborto en Chile sobre el cual presentaron algunos avances en la reunión inaugural del Grupo de Trabajo Internacional para la Investigación de Salud de la Mujer, que se llevó a cabo en Washington DC a fines de enero.


"El caso chileno es un ejemplo a nivel mundial porque nuestra mortalidad por aborto es mínima, similar a la de los países desarrollados. Incluso, es mucho menor en comparación con Guyana, India o algunos países africanos, donde esta práctica es legal" plantea.


Al mismo tiempo, el epidemiólogo señala que, de acuerdo a los datos estadísticos de egresos hospitalarios, el aborto en Chile se mantendría estable y en cifras mucho más bajas que donde es legal. "Pero no sólo eso, nuestros hallazgos sugieren que incluso los abortos clandestinos se llevan a cabo con métodos y condiciones de bajo riesgo porque, de lo contrario, nuestras estadísticas vitales darían cuenta de una mayor incidencia de mortalidad por complicaciones secundarias, como sepsis y hemorragias", apunta.


Para explicar esto, el doctor Koch subraya que, sin duda, junto con la promoción de embarazos seguros que incluye el control prenatal precoz, la atención profesional del parto y la atención obstétrica de alto riesgo, los factores clave asociados a la "baja tan notable de la mortalidad materna" serían la reducción del analfabetismo de la madre, que era mayor a 154 por cada 1.000 nacidos vivos en 1960 versus 1,4 por cada 1.000 nacidos vivos registrados en la actualmente, y el aumento en la educación promedio de la mujer en edad económicamente activa: en 1960 era menor a cuatro años mientras que hoy supera los 12 años.


Un tercer factor implicado en esto sería la cobertura de atención profesional del parto, que en 1960 llegaba a 69% y hoy alcanza 99,7%.


"Vale la pena destacar que la reducción de la fertilidad en Chile (el número de hijos promedio disminuyó de 5.1 en 1960 a 1.88 en 2007) no presenta un efecto detectable en la baja de la mortalidad materna general luego de controlar por el nivel educativo, aunque sí tuvo una influencia en la mortalidad específica por aborto", comenta.


Por mientras, el experto señala que los métodos de regulación de fertilidad utilizados a partir de 1964 se orientaron más bien a las mujeres que habían experimentado su primer embarazo o multíparas, mientras que la reducción de la mortalidad materna habría generado paralelamente un incremento importante de las primíparas sobrevivientes al primer parto. Resalta que "es el nivel de educación el que, probablemente, influye simultáneamente sobre la conducta reproductiva y la mortalidad".


Finalmente, comenta que el caso chileno demuestra que las políticas públicas que buscan mejorar la educación de la mujer y promover el embarazo seguro sí pueden reducir la mortalidad materna sin tener que lidiar con el tema de legalizar el aborto inducido. Esto puede orientar a otros países en vías de desarrollo para mejorar sus indicadores de salud materno-infantiles.

Fuente: Cecilia Coddou / Facultad de Medicina U. de Chile

 


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