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MADRID.- Un poco de pan o un yogur desnatado, fruta, zumo... Las conclusiones de un reciente estudio ponen en duda la recomendación general de no comer durante el periodo de dilatación y sugieren que las mujeres con embarazos de bajo riesgo pueden tomar de forma segura una dieta ligera en los momentos previos al parto.

Desde hace décadas, las guías médicas indican que se debe evitar la ingesta de alimentos sólidos antes del parto para prevenir posibles complicaciones si se hace necesaria una cirugía.

Este aviso se debe fundamentalmente a la posibilidad de que se produzca una aspiración pulmonar del contenido gástrico si la paciente se somete a una anestesia general.

La incidencia de esta complicación ha descendido significativamente en los últimos años debido al uso masivo de la anestesia local; lo que, según explican los autores de este trabajo, ha provocado que en algunos centros sanitarios británicos no se indique de forma rutinaria el ayuno antes del parto. Varias asociaciones de matronas del país han reclamado, de hecho, la retirada de la recomendación.

Según explica a elmundo.es María Teresa Villar, presidenta de la Asociación de matronas de Madrid, en nuestro país no existe "demasiado consenso" sobre el tema entre ginecólogos, anestesistas y matronas, si bien "en la mayoría de los hospitales prevalece la recomendación de que la parturienta no tome nada una vez que ha iniciado la dilatación".

Precisamente esa "falta de consenso" llevó a un equipo de investigadores del Kings Collage londinense a estudiar a 2.426 madres primerizas para comprobar si la alimentación previa influía de alguna manera en el resultado del alumbramiento.
Pequeñas cantidades de alimentos
A aproximadamente la mitad de estas mujeres se les indicó que durante su periodo de dilatación podían tomar pequeñas cantidades de alimentos, como pan, galletas, fruta, yogur desnatado o bebidas isotónicas. El resto, por el contrario, recibió la recomendación de tomar únicamente agua en el proceso.
Al analizar los datos obtenidos, los investigadores comprobaron que la alimentación no parecía tener ninguna consecuencia sobre el resultado final.
Así, el porcentaje de partos naturales fue idéntico -un 44%- en ambos grupos, no hubo diferencias significativas en la duración del alumbramiento -597 minutos en el grupo que ingirió alimentos y 612 en el que ayunó- y las tasas de cesárea fueron muy parecidas.

La aparición de vómitos también fue similar entre las participantes. Y, por último, no se registraron diferencias en el estado de los niños al nacer ni en el ingreso en unidades de cuidados intensivos.

"Nuestros resultados muestran que la práctica [de alimentarse] no influye los resultados obstétricos o neonatales", explican en las páginas del 'British Medical Journal', quienes remarcan que la alimentación ni beneficia ni empeora el parto.

Con todo, señalan que "negar la comida puede ser visto como una decisión autoritaria e intimidatoria que puede incrementar los sentimientos de miedo durante el parto. Comer y beber podría permitir a muchas madres sentirse sanas y 'normales'".

Un poco de cautela
En un editorial que acompaña a este trabajo en la revista médica, Soo Downe, de la Universidad Central de Lancashire, indica que los resultados de este trabajo dan la razón a las recientes guías editadas por el National Institute for Clinical Excellence -una organización independiente de asesoramiento en temas de salud- que indican que las embarazadas de bajo riesgo pueden alimentarse en los momentos previos al parto.
Sin embargo, los expertos consultados por elmundo.es piden cautela ante estas conclusiones y reclaman más trabajos al respecto.

"En principio, nunca se sabe qué mujer puede tener una complicación que precise intubación y ventilación. En mi opinión, correr un riesgo, aunque sea pequeño, de tener un problema serio por comer, cuando se ha demostrado que tampoco se obtienen beneficios claros no tiene demasiado sentido", comenta María Jesús Cancelo, ginecóloga del Hospital Universitario de Guadalajara.

Por su parte, Mª Teresa Villar afirma no ver "ninguna ventaja a la ingesta de sólidos, porque, además, casi ninguna mujer tiene hambre en el momento del parto; pero, desde la asociación sí creemos que la mujer puede ingerir líquidos a demanda porque, aunque está hidratada durante el proceso, sí suele tener sensación de sed".

 
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