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Jueves, 22 de Octubre de 2009

El estrés vivido por Matilde no la dejará con daños irreparables


 

Bebé duerme




Experto en apego explica que la atención y cuidados de sus progenitores adoptivos la ayudarán a sentirse segura de nuevo. 


Los últimos días han sido difíciles para Matilde, la pequeña de ocho meses cuyos guardadores no querían entregarla a la Fundación Chilena de la Adopción. Vivió el estrés que sufrió este matrimonio durante el tiempo que estuvo oculto, además del acoso de flashes y cámaras el día que los Porter Castillo la entregaron en un cuartel de la Policía de Investigaciones.  Los especialistas aseguran que el estrés vivido por Matilde no la dejará con daños irreparables.

Y antes de llegar a vivir con sus padres adoptivos, pasará un período con una nueva familia guardadora, según informó ayer la Fundación Chilena de la Adopción. Separaciones consecutivas que inevitablemente llevan a preguntarse por el daño que pueden producir en la pequeña.

"Sabemos que cambios de este tipo no van a dejar eternamente traumada a una guagua", afirma categórico el psicólogo especialista en apego, Felipe Lecannelier. Él comenta que estudios en niños que han vivido en instituciones antes de ser adoptados muestran que, a los dos o tres meses de estar con sus progenitores adoptivos, los pequeños ya están tendiendo un vínculo con ellos.

"El apego tiene un período de mayor flexibilidad, reacomodo y cambios. Y esta guagua se encuentra en ese período. Distinto es si ella tuviera cuatro o cinco años, porque a esa edad sí que se resiente el cambio", agrega este académico e investigador del Centro de Estudios Evolutivos e Intervención en el Niño de la Universidad del Desarrollo (UDD).

Las situaciones que ha vivido hasta ahora no han sido inocuas para Matilde. Ella llevaba un tiempo (cinco meses) viviendo con sus guardadores, y de pronto ellos desaparecen de su vida. "Hay un daño en el sentido de que cambia el contexto físico que la rodea, y sí va a sentir una perturbación en su cotidianidad. Probablemente habrá un período en que duerma mal, no coma bien, ande más irritable, más sensible y que extrañe a quienes la cuidaban", agrega el psicólogo.

La nueva familia guardadora y -en definitiva- sus padres adoptivos jugarán un papel fundamental en esta recuperación. "Dependerá mucho del estilo parental de los nuevos padres el tiempo y el cómo la guagua se recobrará".

Eso significa contenerla constantemente, no provocarle ningún tipo de estrés infantil, hacerla sentir muy segura y protegida, "de manera que a ella le sea más fácil confiar en estos padres nuevos".

Felipe Lecannelier pide tener claro que, más allá de este episodio, los estudios realizados por más de 20 años demuestran que para los niños es mucho más beneficioso esperar la adopción con una familia guardadora que en una casa de acogida. "Estos cuidadores durante cinco meses le dieron mucho a esta guagua: la capacidad para vincularse y apegarse, la que podrán disfrutar sus padres adoptivos".
 
 


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