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¿Qué hacer si mi hijo no quiere comer?

La comida es fuente de nutrientes y energía, por eso, muchas madres se preocupan cuando sus hijos no comen lo mismo que en sus primeros meses de vida o pierden el apetito repentinamente. En la mayoría de estos casos, se debe a un proceso normal de desarrollo del niño, a malos hábitos alimenticios o a preocupaciones excesivas por parte de la madre.

Los niños pueden perder el apetito por distintas razones. En primer lugar, es normal que una enfermedad o molestia física disminuya considerablemente las ganas de comer. También ocurre que los padres dan raciones de comida muy abundantes y presionan a sus hijos para que coman más de lo que necesitan. Lo anterior, da lugar a un ambiente tenso donde la madre grita y se enoja haciendo que el niño se angustie y relacione la hora de comer con un ambiente de lucha incómodo y poco grato, no lo presiones y confía en su umbral de saciedad.

Otra de las causas es que muchos niños están acostumbrados a comer entre una comida y otra “picoteando” cualquier cosa y a las horas de almuerzo y cena no tienen apetito. ¡No te preocupes! es normal que cerca de los 2 años los niños dejen atrás ese aspecto “rellenito” que tenían antes y, si la curva de crecimiento está correcta, no importa si se salta una comida, solo recuperará su apetito y se reincorporará a la rutina alimenticia de la familia. Sin embargo, es importante que como padres establezcan horarios para comer y los respeten, así el organismo del niño se acostumbrará y sentirá hambre a los tiempos correspondientes.

Por último, no te olvides que los líquidos también son alimentos y quizás la leche o el jugo de frutas dejaron a tu hijo satisfecho y sin ganas de seguir comiendo.

¿Existen alimentos que los niños rechacen con más facilidad?

No necesariamente hay alimentos que los niños rechacen más que otros. Si ocurre, se debe a los hábitos alimenticios que se le inculcaron. Por ejemplo, un niño acostumbrado a comer dulces, a la hora de comer una fruta natural puede encontrarla más insípida y preferirá alimentos procesados con azúcar refinada en vez de algo sano y natural. Aquí, son los padres quienes deben procurar que los alimentos que consumen sus hijos contengan todos los nutrientes necesarios sin impedir que, de vez en cuando, se den algún gusto.

Rechazo por etapas

Colados: es poco frecuente que los niños rechacen los colados, si lo hacen, puede deberse a alguna molestia física como un resfrío o fiebre.

Picados: esta etapa intermediaria entre los colados y la primera comida normal es ideal para que pruebes distintas mezclas y sabores. Si el niño lo rechaza, puede que se hastíe del mismo sabor siempre o ya no tiene el mismo apetito que antes. Prueba mezclar varios tipos de verduras o dale a probar yogurt con frutas picadas y así no sólo lo sacarás de la rutina sino que irás conociendo los gustos culinarios de tu bebé.

Comida normal: si la rechaza constantemente, haz de la preparación de los alimentos un ritual entretenido para tus hijos cocinando con ellos, dispón los alimentos en el plato de manera lúdica armando figuras, compra recipientes con dibujos en el fondo e invita a tu hijo a descubrirlas. Así le mostrarás que comer es algo tan divertido como jugar.

Consejos

  • Haz de la comida una hora divertida: háblale y ríe junto a él
  • Prepara platos coloridos y vistosos que llamen su atención
  • Invítalo a preparar la comida contigo, se divertirá y comenzará a relacionarse con los alimentos
  • No dejes que vea televisión mientras come, le restará importancia a su alimentación y no te dirá cuando está satisfecho
  • No lo obligues, es preferible darle comida cada media hora que presionarlo y crear un ambiente de tensión
  • Los niños aprenden por imitación así que dale comida mientras hay otros integrantes de la familia comiendo
  • No le des líquidos mientras come para evitar que se llene
  • Respeta los horarios de comida y no le prepares comida especial
  • Promueve la actividad física, mientras más cansado esté, más apetito tendrá

El avioncito ¿mito o realidad?

Realidad. ¿Alguna vez mientras le mostrabas un cascabel a tu hijo él estiraba sus manos para tomarlo? pues bien, eso mismo ocurre con el avioncito. Cuando el pequeño observa que tú tienes algo; él, por imitación, querrá tenerlo. Por eso, jugar con el avioncito y simular que su boca es la pista de aterrizaje es un clásico a la hora de llamar la atención del niño y hacer de la comida un momento divertido. Así que si desconfiabas de su efectividad ¡no lo dudes más! y empieza poner en práctica este ya casi “milenario” juego.

 


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