Durante los nueve meses que ha durado nuestro embarazo el bebé se ha alimentado a través del cordón umbilical. Llegado el momento de su nacimiento sigue dependiendo de ti. La opción más frecuente para la alimentación del recién nacido es la leche materna, ya que contiene las cantidades correctas de carbohidratos, proteínas y grasas, enzimas digestivas, minerales, vitaminas y hormonas.
Existen además beneficios para la madre, ya que reduce el riesgo de cáncer de mama y ovario, y acelera que el útero vuelva antes a su tamaño original, reduciendo la pérdida de sangre. También quema calorías, ayudando a reducir de peso.
No aparecerá leche inmediatamente, lo que se segrega horas después del parto es el calostro, que contiene la inmunización para nuestro bebé. Tiene un alto contenido el IgA, una inmunoglobulina importante y agente antiinfeccioso; por otro lado células blancas protectoras llamadas leucocitos, que destruyen bacterias y virus. La leche comienza a producirse entre 2-5 días después del parto.
Cada cuánto se debe dar el pecho y la duración de cada toma varían según el bebé y la madre. Generalmente se da la premisa que a demanda, es decir, cuando el bebé quiera (pero es aconsejable que al principio no pase más de tres horas entre toma y toma); de todos modos para cada etapa el pediatra dará las indicaciones. Es importante que el pecho se vacíe, para evitar que la acumulación de leche produzca una mastitis. Cuanto más succione el bebé, más leche se producirá.
Durante los primeros días esta actividad puede ocasionar dolor, se pueden producir grietas en los pezones. Esto se puede evitar frotándolos con la misma leche. Es importante limpiárselos con agua antes de dar de mamar.
Si se elige la opción de alimentar vía mamadera, de igual modo se puede crear el vínculo afectivo, se puede compartir ese momento con tu hijo/a. Es más, el biberón también lo puede dar el papá, y puede experimentar la magia de ese momento.
Beneficios para el bebé
Pediatras, matronas, obstetras y hasta los fabricantes de alimentos infantiles están de acuerdo con que la leche materna es el mejor método de alimentación para los bebés. Por más que avance la tecnología hay cosas que son irremplazables para la naturaleza y este es un caso ejemplificador de ello. Es un sistema bueno no sólo para los bebés sino que también para sus madres como lo dijo hace más de un siglo Oliver Wendell Holmes el Viejo: “Un buen par de glándulas mamarias les lleva la ventaja a los dos hemisferios cerebrales del más sabio profesor en el arte de componer un fluido nutritivo para infantes”.
La leche materna contiene por lo menos cien ingredientes que no posee la leche de vaca, ni tampoco se pueden sintetizar en un laboratorio. Además la composición de la leche materna varía constantemente para mantener las necesidades cambiantes del bebé. Es distinta por la tarde que por la noche, es distinta cuando el bebé tiene uno o siete meses, distinta para un bebé prematuro que para uno que nace a tiempo completo. Los nutrientes coinciden con las necesidades del menor sus habilidades para manejarlas. La leche materna contiene menos sodio que la leche elaborada, lo que permite que el bebé maneje mejor la leche materna.
Digestible
Es óptima para el sensible aparato digestivo del bebé, el cual no está bien desarrollado. La Lactalbúmina (proteína) y su grasa la reciben los menores con mayor facilidad que la proteína caseinógeno y la grasa de la leche de vaca.
Por otra parte, el efecto laxante de la leche materna produce que los lactantes ensucien pañales en abundancia y el estreñimiento es algo desconocido para ellos.
Segura
La leche proveniente del pecho de la mujer no está contaminada, viene en buen estado, debido a que no se prepara de manera impropia (asumiendo que no tenga ninguna enfermedad que le impida amamantar al bebé).
Bebé saludable
El niño al tomar leche del pecho de su madre ingiere una abundante dosis de anticuerpos que fortalecen la inmunidad a las enfermedades. En general sufrirán menos resfríos, infecciones al oído, y otras enfermedades, que los alimentados con mamadera. En cuanto a la recuperación de las posibles enfermedades que sufran, su recuperación será mucho más rápida y tendrán menos complicaciones.
En general, la lactancia materna disminuye el riesgo de presentar alergias, y la prolongación de esta hasta por lo menos los cuatro meses, protege contra el asma y la atopia. Asimismo, hay estudios que señalan que la respuesta inmunológica de los bebés en las vacunaciones es mejor cuando los lactantes son amamantados.
Variados estudios han sugerido que los bebés que son alimentados con leche materna pueden presentar menor incidencia de enfermedades crónicas, como celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, diabetes y asma.
Menos obesidad
Los menores criados con leche materna son más gorditos que los criados con mamadera. Esto se debe a que en la lactancia el apetito del bebé es lo que regula el consumo: una vez que ha consumido lo suficiente deja de mamar.
La leche materna nutre y alimenta, por lo que el riesgo de obesidad está muy lejos.
Refuerza las funciones del cerebro
Una persona amamantada en su niñez desarrolla mejor sus capacidades cerebrales, al menos hasta los 15 años y posiblemente hasta la adultez. Esto no sólo está relacionado con los ácidos que se encuentran en la leche materna y que son los que aportan en la “construcción cerebral” sino que también está relacionado con la cercanía e interacción que se desarrolla entre la mamá y el bebé.
Desarrollo bucal
Entre la boca del bebé y los pechos de la mujer se hacen un juego perfecto (aún cuando no lo parezca la primera vez que lo hacen). Ni el chupete más parecido puede proporcionar a las mandíbulas, encías y los dientes del bebé el ejercicio que obtiene con el pecho de la madre, el que garantiza un óptimo desarrollo bucal.
Comodidad
La leche materna siempre está disponible para usarla, está a mano y posee la temperatura perfecta. En cuanto a comodidad no hay nada igual. Tampoco se acaba y mucho menos hay que salir a comprarla. No hay que estar lavando, esterilizando, volviendo a llenar frascos ni mucho menos calentado la leche. Donde quiera que usted se encuentre: en el campo, en la calle, en la cama, el alimento que su bebé necesita siempre estará listo. Si en algún momento fuese necesario que madre e hijo se separen por una noche o por un fin de semana la leche puede extraerse de los pechos por anticipado y guardarla en el congelador para dársela al bebé en mamadera.
Sin costo
La leche materna no implica ningún gasto, mientras que la alimentación con mamadera puede resultar costosa (a veces se desperdicia mucho). Es cierto que una mujer que amanta necesita un poco más de alimento que la que no amamanta, pero la diferencia de costo no tiene por qué ser grande. Si la comida se elige teniendo en cuenta los valores nutritivos, como debe ser, puede hasta salir más barata.
Beneficios para la madre
La lactancia es muy provechosa para el organismo de la madre. No todas las motivaciones para dar el pecho tienen que ser altruistas. Al ser la lactancia parte del ciclo natural del embarazo- alumbramiento- maternidad, está destinada a ser buena no sólo para la criatura sino también para la madre. Durante la lactancia, la madre retrasa el comienzo de la ovulación normal y los ciclos menstruales. Además ayuda a que la matriz vuelva a su peso natural anterior al embarazo.
Ecológico
El amamantar es mejor para el medio ambiente, ya que se generan menos desechos plásticos y basura en general, que vienen de los envases de leche artificial.
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