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Aprender a hablarEstímulos para que el bebé hable

Una fascinante carrera de palabras es la que recorre el bebé en su camino para aprender a hablar.

Experto: Pamela Cotorás y Aída Pohlhammer, fonoaudiólogas del Centro Manantial

Cualquier pregunta que se le realice a un bebé de tres meses tendrá un grado de importancia en la comprensión de lo que se le dice. A esa edad el niño está muy lejos de decir sus primeras palabras y su comprensión de lo que oye es imprecisa. Sin embargo, entiende el tono de la voz y reacciona alegremente con gritos y manoteos cuando se le hace una pregunta: ¿Quién es el niño más lindo de toda la casa? Su reacción es evidente frente a este estímulo.

Durante los primeros meses el bebé inicia un “diálogo” no verbal con los padres a través de miradas y gestos. En este período el niño se encuentra en una etapa pre-lingüística, es decir, aún no tiene lenguaje articulado (verbal). No puede decirse que no se comunica, ya que durante toda esta fase ha buscado satisfacer sus necesidades a través de distintas maneras, ya sea con llanto, risa, balbuceo, silabaciones, miradas o con su lenguaje corporal. Con estos recursos logra un sistema de señales que sólo los más cercanos logran comprender.

Con el paso de las semanas, los padres van formando el vocabulario comprensivo de su hijo a través de preguntas y expresiones claras, la verbalización entrega información necesaria para se incorpore a la comunidad de hablantes en forma eficaz. A esto se suma una rápida evolución de la capacidad perceptiva innata y de la anatomía especializada del tracto vocal (laringe, velor del paladar, lengua, etc).

Lenguaje a temprana edad

Entre los tres y ocho meses, los bebés juegan con los sonidos y balbucean para sí. Se comunican a través del sonido (sonriendo al oír una voz alegre, y llorando o poniendo cara triste al oír una voz agraz). Hablar con el bebé, repetir los sonidos que hace, añadir otros, tomar turnos “hablando” con su bebé, recitarle y leerle cuentos infantiles es el principio de un camino lingüístico que puede llegar a ser muy beneficioso para su vida futura.

En la primera etapa de desarrollo del lenguaje el niño responde con sonidos generalmente vocálicos y algunos como: (gggg aaaa, kkkk), apareciendo luego silabas donde se combinan consonantes de sonido bilabial (p, m). Estos primeros sonidos tienen relación con los movimientos que el niño ejecuta en la succión, es decir junta los labios y los separa.

“Hay una cosa muy curiosa en este sentido. En la gran mayoría de las lenguas, la palabra mamá empieza con la letra m y la explicación es que el ejercicio de succión, al cerrar y abrir los labios, puede salir una m o una p según se movimiento explosivo (hacia fuera) o fricativo (hacia dentro)”, explica la fonoaudióloga del Centro Manantial, Pamela Cotoraz.

Una de las primeras vocales en pronunciar el niño es la letra a. Esto se debe a que es una vocal abierta donde están todos los órganos en reposo y el aire sale espontáneamente. Mientras que por otra parte, uno de los sonidos más difíciles de aprender es la “r” porque implica un movimiento vibratorio de la punta de la lengua. Por eso que a muchos niños con problemas de discriminación auditiva les cuesta mucho pronunciar esta consonante.

Los niños disfrutan del descubrimiento de los sonidos, por lo tanto es frecuente escucharlos jugar con sus emisiones cuando se encuentra solo y realizar “diálogos” con el adulto a través de un juego de turnos (yo hablo-tú escuchas-tú hablas-yo escucho).

Más tarde, a los nueve y 12 meses aparece la ecolalia (definida por la Real Academia de la Lengua Española como: perturbación del lenguaje que consiste en repetir involuntariamente una palabra o frase que acaba de pronunciar él mismo u otra persona en su presencia). Es decir el pequeño repite las palabras de sus padres sin entender necesariamente lo que significan.

Aunque sus palabras sólo suenen parecidas a las de sus padres (gua es agua; tate, chocolate, eche, leche: tete, chupete, etc.), comienza a designar cosas con sonidos homónimos (utilizando el mismo nombre para varias de ellas).

“Estamos claros de que el ambiente que rodea al niño es importante, si escucha mal repite mal. Es necesario agregar que los ambientes hostiles, con gritos, peleas y agresión, influyen negativamente en el lenguaje porque disminuyen los deseos de expresarse del niño.

Muy tempranamente, los niños sienten la aprobación o el rechazo a través de la prosodia (fonética) o melodía de las expresiones y, por lo tanto, el ambiente donde se desarrolla debe ser amable para sentir que tiene un espacio donde decir cosas”, indica la directora del Centro Manantial, la fonoaudióloga Aída Polhammer.

Un escalón más

Antes de llegar a las frases de dos palabras (alrededor de los 18 meses, el niño pasa por otra etapa en la que utiliza una sola palabra para expresar con ella verdaderas frases.

Ejemplo:

Javiera tiene 15 meses y un día, al ver la bufanda de papá en casa, la señala gritando: “papá”. Con una sola palabra la niña expresa, en realidad, la relación de posesión entre el padre y su bufanda (ella quería decir algo así como: “Esa es la bufanda de papá”). En este momento, cierto número de palabras que el niño dice son, en la práctica, pequeñas frases que expresan en resumen sus conocimientos acumulados sobre las cosas.

Como afirma Rondal, gran estudioso del lenguaje, los objetos tienen generalmente un poseedor (algunos pertenecen a mamá, papá o al bebé). Se les asigna una ubicación (los juguetes del bebé, en el cajón; el teléfono, encima de la mesita...) y a veces desaparecen y vuelven de nuevo a escena (las naranjas, en la frutera). También poseen ciertas propiedades (caliente, como el vaso de leche). Si interpretamos las palabras producidas por un pequeño que se encuentre en este nivel de desarrollo, comprobaremos que parte de ellas poseen las características que acabamos de mencionar.

Los enunciados con varias palabras marcan los principios de la sintaxis y la gramática, es decir, de la aplicación de las reglas que organizan la expresión.

Un niño de 18 meses puede decir “mamón uta” si quería comunicarle a su madre: “me gusta el jamón”. Ahora, que está a punto de cumplir dos años, dice: “mamón guta mí” para expresar lo mismo.

Si un niño de 18 meses no habla todavía, o lo hace muy poco, conviene llevarlo al fonoaudiólogo, ya que su lenguaje está retrasado. Al ser el oído la principal vía de adquisición del lenguaje, el fonoaudiólogo debe conocer el historial auditivo del pequeño, ya que repetidas otitis en los primeros meses causan problemas auditivos que inciden en el buen desarrollo del lenguaje más adelante. Con un asesoramiento a tiempo puede evitarse, en muchos casos, un tratamiento posterior.

“Las terapias lingüísticas se desarrollan con mucho estímulo visual, se nombran objetos y se pide que los señalen para estimular el lenguaje comprensivo, porque para que el niño hable tiene que tener contenido. La música también es un estímulo excelente, lo cual se comprobó en el Centro Manantial con Pamela Cotoraz y los cantos de la colección “Cantando aprendo a hablar”, expresa la fonoaudióloga.

Los alcances de una investigación

Después de 15 años de trabajo, el psicólogo Peter Macneilage y la especialista en desórdenes de la comunicación Bárbara Davis, de la Universidad de Texas, concluyeron que hay patrones básicos del lenguaje presentes en los sonidos infantiles y que se han mantenido estables durante miles de años. Es decir, las expresiones “ta-ta”, “da-da” o “ga-ga”, que el bebe repite frente a sus padres representa la manifestación de las raíces del desarrollo del lenguaje en los humanos.

Para demostrar su hipótesis, MacNeilage estudió los sonidos emitidos por guaguas norteamericanas entre los siete y 12 meses de edad, así como sus primeras palabras desde los 12 a 18 meses. Encontró que el balbuceo de los pequeños obedecía a un patrón recurrente de consonantes seguidas por vocales.

Luego, comparó ese esquema fonético con la estructura de 10 idiomas, incluyendo inglés, maorí, japonés, swahili, francés, hebreo y alemán. Concluyó que el patrón del balbuceo infantil era similar a las palabras que otros investigadores han planteado corresponden a vocablos primitivos que se repiten en diferentes lenguas. “Las primeras palabras habladas en África fueron esparcidas por sus descendientes en el resto del mundo y hay muchos idiomas que emplean los términos mama, dada, papa con el mismo significado”, asegura Macneilage, quien publicó sus conclusiones en la revista Science.

Jugando con los sentidos

Los seres humanos, en todo momento de nuestras vidas interactuamos con el exterior a través de nuestros sentidos. Los niños son considerados como esponjas absorbentes de estímulos, mientras mayor es la actividad sensorial que se desarrolla durante la infancia, mayor es la reserva mental de la que se dispondrá en el futuro.

La captación de los estímulos se puede realizar de dos maneras: pasivamente y activamente. La primera es cuando el menor espera de manera pasiva ser estimulado. En cambio la segunda, va relacionada como un programa de estimulación en busca de un desarrollo cerebral adecuado.

En los niños influye la cantidad y calidad de estímulos recibidos, la intensidad, frecuencia y duración adecuada producirá un buen desarrollo del cerebro.

Es importante señalar que el juego y los sentidos hacen buena dupla. El pequeño desde el momento de su nacimiento descubre el mundo a través de los olores, sonidos, texturas y visiones. Si a esto le sumamos el juego por medio del cual se estimula el movimiento, la comunicación y las relaciones sociales, entonces el pequeño está "aprendiendo a aprender".

Revisemos qué podemos hacer durante los tres primeros meses de vida del niño, utilizando sus sentidos (tacto, visión, oído, gusto y olfato).

Primer mes

Los movimientos del niño son básicamente reflejos (sin control). Poco a poco aprende a mover voluntariamente algunas partes de su cuerpo y a reaccionar con actividad física, agitando piernas, brazos y sacudiendo su cuerpo.

Investigaciones recientes han demostrado que, al momento del nacimiento, la vista está bastante desarrollada. El recién nacido puede ver mejor a una distancia de 20 a 25 centímetros de su nariz. Es probable que lo que vean sea borroso, pero son sensibles al color, contraste y contorno.

El movimiento también estimula la vista del recién nacido. Es posible que siga los objetos que se mueven lentamente, pero sus movimientos oculares son bastante torpes.

Segundo mes

El niño ya tiene mayor control del movimiento de su cabeza y empezará a girarla para ver a su alrededor. Se le estimula sentándolo o tomándolo en brazos para que pueda observar mejor. El sentido del tacto también está bastante desarrollado al instante de nacer. El contacto piel con piel y las caricias tranquilizan al bebé y fortalecen los lazos afectivos y físicos. Los masajes suaves en su cuerpo y manos le ayudan a tener conciencia de donde empieza y termina su cuerpo.

Tercer mes

A partir del tercer mes, el niño se interesa por investigar y explorar sus habilidades motrices que le permiten manejar mejor su entorno y clasificar sus percepciones.

Si ponemos al bebé boca abajo, extenderá sus brazos y levantará la cabeza y pecho. Esta es una forma que él tiene para investigar a su alrededor.

Poco a poco comenzará a chuparse las manos y a través de la boca, conocerá otros objetos (en cuanto a formas y sus texturas). Más adelante, cuando logre mover sus manos con más destreza, empezará a estirar su cuerpo para tomar las cosas que le llaman la atención. Es aquí donde la coordinación ojo-mano ya es más refinada.

La coordinación visual es importante para la recepción de la profundidad es decir, ver el mundo en tres dimensiones.

Estimulación, pero no sobreestimulación

Tal como dijimos anteriormente los niños desde muy pequeños utilizan sus sentidos para percibir el ambiente que los rodea.

¿Cómo podemos ayudar? Hay que crearles un ambiente de aprendizaje atractivo y agradable, rico en estímulos sensoriales. Es decir, podemos utilizar una amplia gama de objetos para que el niño pueda tocar, ver y escuchar. Las guaguas aprenden ante los estímulos, pero hay que considerar de manera muy importante que la sobre estimulación es contraproducente. Los estímulos deben ser suaves y siempre deben ir acompañados de muestras de cariño, en medio de un ambiente tranquilo.

Recomendaciones para la estimulación

  • Tener un móvil con figuras geométricas, ojala en tres dimensiones y con mucho colorido
  • Fotos de rostros sonrientes, especialmente de integrantes de la familia.
  • Cascabeles, linternas, objetos para morder
  • Música preferentemente clásica (se recomienda Mozart)
  • Géneros de distintas texturas para que el niño pueda tocar
  • Hablarle al niño mirándolo a los ojos
  • Llamarlo por su nombre
  • Cantarle
  • Hablarle mientras se le baña, se le da de comer o cuando se le muda.
  • Nombrar los objetos que están cerca para así fomentar el desarrollo del lenguaje
  • Hablarle de distintas distancias para así estimular el oído y habilidades de discriminación auditiva
  • Acostar al bebé boca abajo en una pelota de playa. Sujetarlo bien de las caderas mientras se lo mece hacia los lados, y hacia delante y atrás. Al realizar estas acciones el niño estará aprendiendo a usar sus músculos para mantener el equilibrio y mover su cuerpo en el espacio.
  • Utilizar frazadas o cobertores para jugar con él a las escondidas. Con el cobertor hacerle un columpio y mecerlo suavemente hacia los lados.

 

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