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roseola en niños Roséola en bebés

Como todas las enfermedades eruptivas, la roséola se presenta preferentemente en otoño, al final del invierno y, sobre todo, en primavera. Se cree que es causada por un virus, aunque nunca se ha llegado a aislar al supuesto virus responsable. Se contagia fácilmente de un niño a otro, o a través de los familiares del pequeño.

¿Cómo se manifiesta?

El bebé se puede encontrar muy bien de salud y un día, después de que hayan pasado entre siete y 17 días del contagio, empieza a presentar una fiebre muy alta, de 39º C o 40º C. A pesar de la elevada temperatura, el pequeño no pierde el apetito, sino que come normalmente, continúa con ganas de jugar, y la verdad es que no tiene mal aspecto.

En realidad, no parece que esté padeciendo una enfermedad, aunque en algunos momentos febriles se encuentre más inquieto, intranquilo o somnoliento. Cuando el médico lo examina; encuentra la faringe enrojecida y en los ganglios de la parte posterior de la cabeza puede observar una pequeña inflamación.

Después de tres o cuatro días de fiebre, ésta baja bruscamente y aparece un exantema (manchas cutáneas) repentino. Por eso, a la roséola también se la conoce como exantema súbito o fiebre de los tres días. Estas manchitas son de color rosa pálido, de 1 a 5 mm, localizadas con más intensidad en el cuello y el tronco. Son manchas minúsculas, llamadas a veces la alfombrilla, que desaparecen a los dos o tres días.

Estas manchas se parecen tanto a las de otras eruptivas infantiles, que muchas madres se confunden y creen que su pequeño tiene rubéola, sarampión o alguna de las otras más comunes. Sin embargo, la roséola tiene una característica distintiva que nos ayuda a diferenciarla: las manchas surgen cuando baja la fiebre, mientras que en el resto, de las eruptivas, éstas salen cuando la fiebre está en su apogeo.

El tratamiento

Está es una enfermedad vírica y, por lo tanto, no tiene tratamiento. De todos modos, es tan benigna que tampoco lo requiere. La única posibilidad es que se complique y dé lugar a convulsiones febriles. Pero no debemos alarmarnos, ya que éstas sólo se dan ocasionalmente y en niños propensos a ellas.

De cualquier modo, no debemos bajar la guardia y vigilar al niño atentamente por si aparecen otros síntomas. Si la fiebre dura más de cuatro días, si el pequeño se ve muy afectado, o si los síntomas típicos de la roséola están acompañados de vómitos, diarrea o tos, consulte al pediatra.

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